Columnas

12 años en tres imágenes.

David Marklimo

Andrés Manuel López Obrador ha tardado 12 años en acceder a la Presidencia de la República. Seguramente más (quizá desde que accedió a la Jefatura de Gobierno ya estaba eso en sus planes), pero formalmente el camino empezó en diciembre de 2005 cuando publicó una carta en el portal del entonces Gobierno del Distrito Federal, anunciando que, pasado el proceso del desafuero, valía la pena llevar su proyecto a todo el país. “Nunca los voy a defraudar”, sostuvo en esa despedida. Desde ese entonces, ha pasado mucho tiempo. Pero si toda literatura es una imagen, lo mismo se puede decir de los procesos políticos, quedan trazos, pequeños recuerdos en la memoria que podrían explicar -al menos lo hacen para quien esto escribe- el histórico triunfo de 2018.

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La imagen del 2 de julio de 2006 es relativa a una fiesta por la victoria de AMLO en el mismo Zócalo de la Ciudad de México. Hacia poco que se habían cerrado las casillas y los primeros resultados empezaron a aparecer. La expectativa era enorme, pues la mayoría de las encuestas daban por hecho que se ganaría…. pero en la mente de todo estaba la campaña híper puerca que Fox y compañía habían hecho sobre AMLO: transmitieron una idea de un demonio populista, un engendro. La plaza lucia expectante e iluminada, la mayoría de las personas congregadas estaban al pendiente de los propios resultados, pero en general había buen ambiente. El transcurso de la noche apagaría definitivamente la alegría e instalaría una verdadera desilusión. Muchas cosas raras sucedieron esa noche, empezando por el propio mensaje de Ugalde (no se puede anunciar el ganador, pero los datos afirman que ganó Calderón). ¿Hubo fraude? Habría que matizar, tal cual lo hizo Del Paso, en la misma palabra. El engaño, la mentira … visto así, hubo fraude. ¿Se contaron bien los votos? Seguirá para siempre el debate sobre los dos millones de votos anulados y las razones de por qué fueron anulados. ¿Cuál fue el papel de Hildebrando? Ahí están las explicaciones técnicas del Dr. Mochan sobre algoritmos y demás.  ¿Que pudo hacer AMLO para obtener más votos en esa campaña? ¿Se aprendió de esa experiencia? Uno imagina que sí, que se aprendieron muchas cosas y que se pudieron hacer otras tantas, pero nunca se hizo público la respuesta. ¿Influyo eso en 2018?

La plaza vacía, llena de basura, es algo que difícilmente olvidaré. Después vino el caos … o lo que es lo mismo, el plantón de Reforma. No puedo decir que fueran días tristes, aunque no recuerde en ellos un sólo momento de alegría. Fue dejarse llevar, intentar que algún dementor no quitase la esperanza. Curiosamente, años más tarde, Andrés Manuel publicó después un libro en ese sentido, No decir adiós a la esperanza. Pero no mentiría al decir que 2006 fue la más triste de las derrotas y que, en muchos sentidos, todos los resquemores cada que se presenta una elección provienen de lo que allí sucedió.

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2012 es la imagen de un cuarto en la Roma, sitio donde se encontraba un búnker para apoyar a Miguel Ángel Mancera. La imagen, de la que guardo una fotografía, es la de una discusión que habrá empezado como a las dos de la tarde y terminó ya entrada la madrugada. Recuerdo las palabras que me dijeron: Mancera será un excelente jefe de gobierno … (puede uno reírse, total los científicos sociales no tenemos la bola de cristal ni vemos el futuro). Mancera fue, de principio a fin, un proceso impotente. Largas jornadas que produjeron un trabajo totalmente inútil. El cómo aguantó tanta gente trabajando para él, es algo que todavía no alcanzo a comprender.

No es fortuito hablar de Mancera. Es el ejemplo perfecto para explicar la gran decepción que produjo ese proceso. En el 2012, AMLO descubrió que en el Partido de la Revolución Democrática había una serie de personajes en los que no se podía confiar. Ya en el 2006 habíamos visto a personajes reunirse con Calderón a los pocos días de la jornada, cuando el Tribunal todavía ni calificaba la elección. Luego vino la fraudulenta elección interna, que terminó con Jesús Ortega como presidente del Partido. En 2012, AMLO tuvo que cargar con ellos, enfrentar a un candidato que traía un acuerdo con los medios de comunicación con ese peso. La lección es: escoge a tus amigos. Puedes pelear contra el más fuerte y perder, pero seguro perderás si aquellos que supuestamente te acompañan te apuñalan por la espalda. Hablamos por supuesto de la firma del Pacto por México. Nunca, diversos personajes del perredismo, explicaron por qué le dieron el visto bueno a una alianza de gobierno con un personaje que “compró” la elección con el caso MONEX y las tarjetas Soriana, que ya los había ninguneado en el Estado de México. ¿Por qué firmaron un pacto que derivaría en la entrega del petróleo y el futuro energético de la nación? ¿Por qué hicieron un acuerdo con el partido que sistematizo la corrupción, aquel que les dio agua con sal a los niños de Veracruz? ¿Cómo podían sostenerse como oposición después de un acto así? La Nueva Izquierda quedó retratada, al fin, cuando estalló el caso Ayotzinapa: pesaba más el dinero del narcotráfico que la propia ciudadanía. Hasta la fecha, sobre esos señalamientos, hay el más opaco de los silencios.

AMLO hizo bien en irse del PRD. Fue triste, pero como diría mucho tiempo después Alejandro Encinas: el PRD ya no servía, por eso hicimos un nuevo partido.

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Entender el 1º de julio de julio de 2018 es tener en cuenta todo lo que se ha mencionado. Dos derrotas electorales duelen mucho, pero enseñan todavía más. En muchos sentidos, es una película parecida a los otros procesos, pero es un final distinto. Es la alegría que nunca se podrá explicar, las lágrimas compartidas. Pero, dicho eso, 2018 también es la incredulidad, la precaución. Ante lo que señalaban las encuestas, siempre se repetía que la verdadera encuesta era el día de la jornada. Así, a cada encuesta que me enviaban, solía responder: lo creeré cuando Lorenzo Córdova lo admita por cadena nacional.

Así que la imagen es esa: Lorenzo Córdova hablando en cadena nacional, sobre la histórica votación de AMLO, mientras un grupo de personas y  yo lo observamos a través de un teléfono móvil, esperando unas actas electorales de San Franciso Culhuacán, en Coyoacán. 53%. Increíble. Ni en los mejores sueños. Al repasar la imagen me pregunto si Lorenzo Córdova habrá reparado en la alusión que AMLO hizo de su padre en el discurso de cierre de campaña, si al pronunciar esas palabras habrá pensando en él, en lo conmovido que estaría por el hecho de que un antiguo alumno se convirtiese en el enterrador del PRI. 

Muchos sostienen que es un resultado engañoso y triste, dado que es producto del malestar, del fracaso sistemático de un gobierno tras otro desde hace 30 años, como ha escrito Juan Villoro: un país con más de cincuenta millones de pobres, impunidad en el 99% de los delitos y el liderazgo mundial en el asesinato de periodistas. Es cierto que hay dolor por la violencia y hartazgo a tanta impunidad. Entonces, se puede decir que es un castigo, sí, dado que así funcionan más o menos las democracias: no te gusta el gobierno, pues votas a la oposición. Aunque esta lectura tiene un sesgo negativo, al reconocer implícitamente que no es AMLO quien ganó, sino los otros quienes perdieron. Pero es injusto no hablar de la capacidad de AMLO para resistir todo este largo camino, para recorrer las plazas del país no en búsqueda de un cargo, o de un capricho, sino del sentido ético de la política: por el bien de todos, primero los pobres. Él lo ha llamado terquedad, algunos lo tildan de necio. Puede ser. La pregunta ahora ya no es cómo o por qué fue posible, cómo sucedió. Eso lo contará ya la Historia. Queda saber si este país tiene algún arreglo o si está francamente condenado, como piensan algunos. Saber, también, cuánto costará revertir el sufrimiento.

No hay, todavía, una respuesta. Pero he pensado en aquello que escribió Pablo Neruda y sonrío: yo sé que el viejo joven transitorio de pluma, como un cisne encuadernado, desencuaderna su dolor notorio …  la esperanza que rompe en los jardines como la flor del árbol esperado,  la página grabada de fusiles, las letras de la luz … La alegría, recuerdo, está por venir.

David Marklimo es autor de Limpio no te vas y Petén en Waterloo. Fue observador electoral en 2006, 2012 y 2018.

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