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Andrés Manuel: Ciudad de labradores

Dos hechos interesantes –que a juicio del suscribiente de esta columna –sucedieron este fin de semana que termina. El primero, lo protagoniza un pilar fundamental en la sociedad, un profesor de educación básica y de media superior. El segundo Andrés Manuel López Obrador con sus 50 puntos de austeridad y anticorrupción.

Por respeto a su identidad, labor y familia, no revelaré el nombre del maestro, por convicción y lealtad a esa profesión comentaré algunos detalles de una actividad que lleva a cabo. El docente aquí descrito, se encarga en algunas ocasiones de dar tutorías a niños de nivel secundaria que por condiciones familiares y sociales adversas, tienen problemas de aprendizaje y de relación con los demás.

Cuenta en una ocasión a una mamá que llevó a su hija de 9 años para un proceso de regularización. La infante en cuestión, no sólo tenía problemas para estudiar, sino también su actitud y apariencia personal distaban mucho de expresar paz, tranquilidad y alegría. La relación entre tutor y alumna, se tornaba en momentos complicada, no obstante, con el paso del tiempo generó cambios en ella que hasta este momento despiertan el interés de la ahora dolescente en estudiar la universidad.

Sin darse cuenta (o quizá sí) el trabajo del profesor-tutor –además de no ser remunerado -revela algo que los modelos instrumentales de la educación, formal actual esconden o quieren desecharlo, nos referimos al concepto de “labrador”. Para el filósofo Byung-Chul Han, labrador, implica la disciplina para sacarle a la tierra que cosecha, la verdad que esconde en lo que se puede sembrar y cosechar.

En tal caso, nuestro mentor, es un labrador, quien alejado de las soluciones técnicas del capitalismo como el couching, las terapias breves y el marketing, con su faena cotidiana, trata de descifrar el enigma de la muchacha-estudiante, quien como universo cultivable se oculta, cierra, enmascara su propia verdad, pero que con amor y dedicación, el educador la descubre y la conduce para lograr que la alumna siga ensayando su autenticidad por los caminos que haya elegido.

Con toda intencionalidad, el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, es también ese labrador, en tanto no sólo por su capacidad de haber intentado descifrar durante más de treinta años el sentir de la ciudadanía, sino también por algunos de sus 50 puntos de austeridad y anticorrupción. Uno de ellos es el número 40, el cual indica grosso modo; la cancelación de labores de espionaje que atenten contra la vida privada.

Sin duda sobre este tema, hay dos aspectos donde se vitaliza la idea de labrador:

  1. Una forma de moral, la cual el labrador ha encarnado al saber que la tierra tiene sus  ritmos  y  tiempos  como ser vivo para dar sus frutos y por ello no violentarla y
  2. Comprender como la existencia íntima de la gente en cada ciudad, barrio o pueblo, representa esa interrogante, la cual es necesario respetar, pero que se puede conocer, siempre y cuando como labradores nos den permiso de entrar en ella, de sentir la casa, pues finalmente toda vivero es un hogar.

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