Columnas

Bienestar y educación: pensar la vida de otra manera posible

Dos de las ideas centrales propuestas por el nuevo gobierno federal que entrará en funciones el próximo sábado 1 de diciembre, es lo concerniente al bienestar y educación. Cuando se habla de la primera, generalmente se piensa –no siempre- que esa condición, implica tener un salario, una casa, un automóvil y los satisfactores para vivir comodamente. En ese sentido, puede ser aceptable e incluso necesario y sano, contar con esas recompensas, sin embargo, hay un sinónimo de la palabra bienestar y es: “felicidad”, la cual supone una serie de aspectos mucho más complejos a considerar, de los cuales sólo delinearemos algunos.

Se nos dice que parte de la vida en confort, se realiza a través de contar por ejemplo, con un servicio de salud óptimo en cuanto a clínicas, hospitales, medicamentos y servicios de atención inmediata ¿esto realmente genera dicha en la gente? Quizá para algunos sí, pero la pregunta invita a detenerse un poco. Una institución de salubridad, la cual establezca los tratamientos, las curas, los tiempos y administre la noción de salud y enfermedad, con independencia de las necesidades de las personas, resulta un fenómeno artificial, el cual destruye la posibilidad de que la gente decida y se organice sobre su cuerpo y alma, y ahora más con el ascenso de una atención sanitaria privada y con las deficiencias existentes en el sistema público.

De igual forma al ir por la calle, ver la preferencia dada a los vehículos automotores y estar en peligro de ser atropellado, habla de un ejercicio de tensión y angustia, pues los espacios urbanos, no están diseñados de acuerdo a una movilidad consensada o de los que van a pie, sino de acuerdo a la industria muy cara del transporte, del asfalto y a la idea de que la gente debe padecer por su seguridad y por su tiempo para llegar igualmente a un trabajo poco humano y mecanizado.

Si se habla de educación; ser afortunados supone en el medio tradicional, asumir la idea de que educar es igual a tener una vida escolarizada con un curriculum, una trayectoria y hasta alcanzar una certificación. De igual manera, no se reflexiona el por qué es necesario adoptar la escuela como sitio de formación, pues más bien dentro de este tipo de instituciones, ya sea la educación clásica o la que ahora adopta el modelo neoliberal, no sólo se inhibe la creatividad, sino que se violenta la condición humana para vivir y responder a los imperativos de pseudo-escuelas y/o pseudo profesores y/o de  las necesidades de mercado, que no son en muchos casos los requerimientos particulares.

Dentro de este ámbito educativo, se habla además, que las Tecnologías de la Información y la Comunicación, permiten lograr cobertura y calidad educativa sobre todo en los niveles de medio superior a posgrado.

Cobertura por la amplitud en el acceso de varios a ella y calidad porque además de esa oportunidad, también se genera una nueva forma de enseñar y aprender.

Pero lo que ocurre aquí representa un asunto muy cuestionable, pues los ambientes virtuales –como los escolares presenciales- ya están prediseñados y por si fuera poco, en esta estrucura escolar, es necesario responder rápido a las tareas para avanzar, lo que vuelve la formación en línea un asunto más de eficiencia en el cumplimiento de objetivos semanales o mensuales y no una dinámica que lleve a la educación y bienestar deseados. Esperemos que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, pueda poner acento a estas situaciones para hacer a la vida de otra manera posible.

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