Columnas

Perspectivas en la lucha contra la corrupción

La institucionalización de la corrupción en México, la falta de credibilidad generalizada en los partidos políticos que han ocupado el poder ejecutivo y la mayoría relativa en los congresos, la percepción de la gente de un sistema político falaz, de poca transparencia y de compadrazgos, la debilidad en el discurso del presidente ante el problema TRUMP, principalmente en los temas de migración y TLCAN, que por sí solos atraen y repelen votos dependiendo de la complacencia que se le dé a la opinión pública, fueron factores determinantes que hicieran caer al priismo por su propio peso, consagrando un histórico voto de castigo en contra.

Por otro lado, la constancia de Andrés Manuel López Obrador en el discurso de oposición, que estratégicamente sacaba a relucir todos estos tumores que ya invadían el Establishment político del país y que tiene como eje central la corrupción, intensificaron la intolerancia pública hacia la clase política y la ideología imperantes.

La acelerada percepción de que México es un país enfermo de corrupción, otorgo la victoria al personaje que mejor utilizó las circunstancias a su favor. Pero ¿cuál es el mensaje de AMLO en términos de corrupción? Mucho se ha comentado sobre la imposibilidad histórica al aseverar que “si el presidente es honrado, también lo será el resto de la clase política”, y si bien esto, como se menciona, carece de hechos históricos que lo respalden, es necesario tomar en cuenta la importancia de un mandatario honesto, sea este el caso o no, y que ha acaparado un inusitado poder, perfilándose, en el caso de que así lo sea, para instituir un sistema de leyes con sanciones y acuerdos pertinentes que disminuyan los actos de corrupción, como siempre se espera.

El uso desmesurado de la palabra amnistía ha sido otro estandarte de la crítica mexicana, si bien en mayoría se utilizó en referencia a “los que hemos dejado atrás”, lejos de cualquier cobijo económico y de bienestar, básicamente forzados a formar parte del “otro bienestar social”, probablemente el más destructivo que hemos creado y constantemente el único camino: la ilegalidad, representando ésta opción como una manera de apaciguar a las personas olvidadas, y para ellos, en términos generales, se manejó el concepto de amnistía.

Por otro lado se realizó un boceto abstracto sobre las penalizaciones hacia los funcionarios públicos, que nunca lograron solidificarse en el imaginario colectivo, ni en el discurso. Se antepuso el tema moral sobre la relevancia de Identificar y cuantificar los costos de la corrupción, bases indispensable para conocer la dimensión del problema y el diseño de políticas públicas adecuadas para su prevención y erradicación, lo demás pinta como mera estrategia que probadamente otorga ventaja electoral, anclándose a una idea de valores, que aunque inverosímil en el terreno pragmático, sí necesaria en el sentido de complacencia al electorado y afianzamiento en la figura de un líder con autoridad moral. Por ello, uno de los primeros retos que tendrá MORENA será convencer e informar a la población de que los cambios prometidos son paulatinos, complejos e ineludiblemente construidos sobre visiones a largo plazo, sólo de ésta manera se podrá traducir la indignación de la gente y las promesas de campaña, en estrategias exitosas.

Tomando lo anterior en cuenta, algunos expertos prevén dos caminos durante la administración de Andrés Manuel López Obrador: el de buscar satisfacer al electorado mediante la reducción de la injerencia del Estado, optando por empoderar organismos anticorrupción con facultades importantes para actuar fehacientemente, o bien, tajantemente dirigirse a los funcionaros corruptos, por medio de auditorías e investigaciones. Confrontar Las duras realidades de la gobernanza pueden finalmente impactar los deseos de un cambio verdadero y transformarlos en una serie de investigaciones específicas a través de las instituciones existentes, evitando la algarabía política que rodearía el establecimiento por el Congreso de órganos de investigación mucho más fuertes.

La preocupación sobre la disyuntiva sobre la utilización del financiamiento público, que si bien va para obras que a corto plazo generan un mayor nivel de votantes a favor, o para la visión a largo plazo que tiende a desencantar al electorado y llega a ocasionar una pérdida importante de credibilidad durante los escasos seis años de mandato, es latente. López Obrador se jacta del incentivo político y maneja las herramientas para acelerar las investigaciones de corrupción; la única pregunta es si finalmente decide que las recompensas de tomar una postura dramáticamente más fuerte contra la corrupción endémica de México justifican el riesgo. Para fines prácticos, se puede considerar que, de lo dicho durante la campaña, resalta la necesidad de conocer la corrupción: localizar los focos rojos, principalmente en qué áreas de Gobierno (limpiar primero la casa), medir la propagación que ha tenido en los últimos años, identificar las causas principales que la desencadenan junto con las áreas de riesgo que permiten su reproducción.

Registrar sus mecanismos de operación, comprobar sus efectos y analizar y buscar la adaptación de las experiencias exitosas a nivel internacional. Reconocer que ciertos factores fundamentales han permitido su extensión, como las leyes permisivas, la falta de transparencia y la impunidad que permiten que el corrupto se sienta cómodo. Pero, por otro lado, llama la atención la poca que recibe un componente primordial: la voluntad humana.

El primer problema es propio de lo jurídico, de las leyes, de la transparencia y la evidencia científica que respalde la implementación del conjunto: el acompañamiento y la participación Ciudadana, la constatación de códigos penales para delitos de corrupción, el uso de herramientas digitales como apoyo a la transparencia, etc.

La segunda (probablemente de mayor trascendencia), sobre todo, tiene que ver con un cambio social en toda la extensión de la palabra. Y el aparente sentimiento Nacional es precisamente ese tipo de cambio, sólo falta ver la cantidad de votos recibidos por el partido en comparación con sus adversarios y la celebración magna que se observó durante y después de la Jornada Electoral.

Es por eso que ésta administración que se avecina recobra sentido, dada la postura presidencialista del País, la figura del Ejecutivo debe contrastar con el desaseo atestiguado de sobremanera por la población durante las últimas administraciones, para la consagración del inicio de un nuevo camino en la vida política de México, es decir, un presidente que cuente con una incansable e irreductible voluntad política. Y es precisamente por esto que si el nuevo presidente se ve obligado a bajar el tono de su campaña contra la corrupción, continuará como el líder mexicano más fuerte en décadas.

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