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La crisis de la masculinidad se está discutiendo aquí

Imaginemos un debate sobre la crisis de la masculinidad que empiece con una discusión sobre la distinción antropológica entre el arquetipo de lo masculino y el arquetipo de lo macho, con referencias a Totem y tabú y a Levi-Strauss. Imaginemos que discurre a través de la controversia sobre la formación del concepto de masculinidad tóxica —su aparición en el pensamiento masculinista y su apropiación por parte de sectores feministas— y que acaba con un enfrentamiento sobre cómo se deben articular —en el caso que se pueda— las nuevas identidades de género en el contexto de la deconstrucción de la masculinidad en un futuro transhumanista.

Imaginemos que el debate acumula más de 30.000 visitas en unas pocas horas, que acapara la atención de Twitter y que enfrenta a figuras extrañas tanto al mundo académico como al mundo periodístico. Imaginemos que además es un debate relevante en términos políticos, pues da voz a posiciones intelectuales poco argumentadas desde el mainstream —a pesar de que son posiciones que defienden realidades hegemónicas— y otorga protagonismo a personajes extremadamente dudosos, como el youtuber Un Tío Blanco Hetero, cuyo canal alimenta a sectores masculinistas, cercanos a los MRA (activistas por los derechos de los hombres) y a grupos de trolls como los del llamado Unga Unga Army.

Esto es lo que ha conseguido el debate que mantuvieron Ernesto Castro, Leyre Khyal, Quetzal y Un Tío Blanco Hetero que puede verse en YouTube. Para lo bueno y para lo malo, abrió un espacio de discusión al margen de los formatos habituales, los registros ideológicos de los grandes medios, la brevedad obligatoria de las revistas digitales y la discusión asilvestrada de los hilos de Twitter.

Por supuesto, el debate no es más que una anécdota discutible: una idea que tiene un recorrido interesante, pero muy limitado. Está lejos de ser un modelo transformador a imitar, que tenga capacidad para calar en un gran público. Pero su propuesta no difiere esencialmente de lo que ha hecho BuzzFeed con la serie documental ‘Internet y el nuevo periodismo’, una trabajo original para Netflix que acaba de estrenarse.

Y esta sí invita a imaginar cambios importantes.

De hecho, el cuarto capítulo, titulado ‘Los derechos de los hombres’, aborda precisamente el tema de la masculinidad en relación a los trolls de internet, los grupos de activismo MRA y el movimiento incel. La periodista Scaachi Koul habla en primera persona de su propia experiencia —el acoso que recibió tras publicar un tuit en el que omitía al varón blanco heterosexual— y nos adentra en el making off de su reportaje sobre los activistas a favor de los derechos de los hombres. El mini-documental —cada capítulo es independiente y dura entre 15 y 20 minutos— incluye trabajo de campo y una entrevista cara a cara con una de las personas que la atacó a través de internet.

‘Internet y el nuevo periodismo’ es especialmente interesante porque es al mismo tiempo un reportaje, una reflexión sobre la transformación del periodismo y una pieza de entretenimiento audiovisual. En estas pequeñas píldoras Netflix ha conseguido convertir al periodismo en carne de Netflix sin perder fuerza informativa.

Además, consigue introducir ideas nuevas desde una perspectiva inédita: acude a refugios para personas maltratadas y entrevista a hombres que han sido víctimas de la violencia doméstica. Lo hace para contrastar la relación que víctimas e instituciones mantienen con aquellos grupos de activismo masculinista que los reivindican en sus argumentaciones. Sin embargo, como demuestra Koul, estos grupos de activismo no se han interesado por ayudar a las víctimas —ni tan sólo para usar esa ayuda como polvorín mediático—.

Es en este sentido, el documental nace de una polémica interna de Twitter y se convierte en un producto que que crea un diálogo en torno a una cuestión que hasta ahora estaba presente en literatura feminista y que, cuando era tratado en artículos o columnas, difícilmente escapaba al tópico. Y lo hace con herramientas dinámicas, que también rompen con el lenguaje audiovisual que asociamos al género documental.

(Una de las representantes del Movimiento por los Derechos de los Hombres)

Quizá para muchos, en términos editoriales, es un error apegarse a la polémica y dar voz a figuras problemáticas como Un Tío Blanco Hetero o a representantes del movimiento MRA. Pero en la medida que el material está elaborado desde una perspectiva crítica —como es el caso de ‘Internet y el nuevo periodismo’— o se plantea desde un enclave discursivo en el que las ideas peligrosas no se presentan desde la neutralidad informativa —como a veces pasa en los medios tradicionales—, este tipo de periodismo internetero puede ser una herramienta mucho más efectiva que cualquier otra para mostrar y combatir estos fenómenos.

Porque para luchar contra la organización de la misoginia en foros y grupos de odio —los MRA son un ejemplo, pero podemos pensar en los ‘sad puppies’ en el caso de la literatura de ciencia ficción o en el Comicsgate en el caso de la industria del cómic— es importante hacerlo en su terreno y hacerlo en su lenguaje. Por ello, convertir el debate sobre la crisis de la masculinidad y el antifeminismo en un capítulo de Netflix —que a día de hoy ya es sinónimo absoluto de entretenimiento mainstream— no puede verse sino como una pequeña victoria en la batalla por hacerse con el sentido común.

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