Columnas

Subjetividad extrema, deserotización y gueto mental: formas de control socioescolar

Es posible que vuelva a simplificar por situar la formación educativa sólo en el recinto escolar, sin embargo, me parece pertinente hacer nuevamente un breve análisis sobre ello, porque las tres situaciones señaladas en el título de esta columna, son un holograma, de lo que pasa a nivel nacional, no sólo en la educación, sino también en la sociedad mexicana y su impacto –no me gusta esta palabra, pero creo que puede ser una primera aproximación– en la convivencia, la el diálogo y la fraternización en las relaciones humanas.

Estas reflexiones pasan por una combinación de tres experiencias personales y ciertos aspectos teóricos revisados. Es importante comentar que lo dicho a continuación tiene un carácter provisional y susceptible de ser criticado y discutido para la construcción de procesos de investigación que nos arrojen datos reales que apuntalen, amplíen o reconstruyan las descripciones a desarrollar. El día de ayer sábado 6 de octubre, una estudiante del doctorado comentó un caso en donde a un menor de edad se le preguntaba cuánto era dos más dos, el infante contestó que veintidos, a lo que la profesora le replicó que la respuesta no era esa, sino cuatro. El niño le dijo palabras más palabras menos: “soy libre de pensamiento” y por ello sostengo mi dicho, el caso pasó a instancias judiciales porque la maestra se le acusó de haber violentado los derechos del alumno.

Esta supuesta libertad de pensamiento impulsada por las reformas educativas actuales, perfilan una situación a la vez interesante y preocupante. Por un lado, muestra una sociedad volcada a la defensa a ultranza de la idea libertad absoluta promovida por el libre mercado, en donde cualquier acto de autoridad o contención, se observa como coerción ante la oportunidad de crear y tener una supuesta iniciativa libre, lo cual ya empieza definirse en lo educativo como subjetividad extrema y, por otro, tanto la autoreinvidicación de ese individuo sin límites como todo el aparato simbólico para castigar a la profesora, tienen el sello o el emblema de barbarie, que no contribuye a generar una civilización reflexiva y de paz.

Ese mismo día, platicando también con otra estudiante de doctorado, me comentó que se sentía intimidada y con temor porque había un profesor de la misma escuela, el cual le indicaba que debería estar atenta porque cuando le diera clase, tenía que hacer todo lo que él le dijera, porque si no, tendría problemas para su titulación. En ese caso, más allá de los problemas de autoestima de algunos docentes que creen que con esa actitud, alcanzan notoriedad, prestigio y/u obediencia, existe una dinámica de des-erotización escolar, es decir, lo erótico en la enseñanza puede suponer dos cosas: 1. Una forma de atracción intensa que se construye o se basa en una coreografía donde el baile o la danza de los involucrados, se hace en función del respeto y la confianza los cuales organizan la actividad académica y 2. Representa una dimensión ética y estética donde el reconocimiento del otro, representa un tipo de seducción, el cual permite vivir y trabajar por amor dentro de la tarea educativa y que se muestra en la creatividad Al infligir miedo y dolor, la existencia escolar corroe el pacto para entender y ser entendidos como seres inteligentes, pero sobre todo cariñosos y entrañables.

Finalmente, el jueves 4 de octubre asistí a dar una plática sobre el 68 con una parte del movimiento estudiantil de la UNAM. Debo reconocer su amabilidad y disposición por invitarme y dialogar, pero también es importante observar como en el uso que le daban a los espacios, sus lenguaje no verbales, su forma de tener limpio/sucio el lugar, indicaban no sólo un gueto territorial físico, sino un gueto mental, el cual permite ver códigos donde ellos mismos reproducen lo que ha sido este país a lo largo de casi un siglo de un solo poder dominante y que hace pensar si con esta condición ellos pueden tener un actitud abierta para conversar. Por supuesto, en caso de que esto sea un gueto, es fundamental comprender que esa circunstancia es porque los mismos controles institucionales nos han robado la oportunidad de ser ciudadanos con capacidad de escuchar y sensibilizarse.

Deja un comentario