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La Castañeda: el emblema fallido de modernidad

Por: Allie Ann

En los alrededores de la colonia Mixcoac, está enterrada la historia de “La Castañeda”, manicomio inaugurado por Porfirio Díaz en 1910 y que hoy, sus terrenos abarcan la Escuela Nacional Preparatoria No. 8 “Miguel E. Schultz”; una tienda de autoservicio y parte de la Unidad Habitacional Plateros.

Los prefectos de la preparatoria, amaban contar las diversad historias de terror sobre el manicomio y de los supuestos espíritus que rondaban por la escuela como almas en pena a los alumnos que desconocían la historia del manicomio

Pero las verdaderas historias de terror, se vivían dentro del manicomio por todos y cada uno de los pacientes internados en la Castañeda.

Se sabe, que la intención de Porfirio Díaz era ofrecerles a los internos un buen tratamiento, en el mejor centro de atención para enfermos mentales, ya que él decía que la Castañeda sería el mejor lugar para sanarlos, debido a que su ubicación, a las orillas de la ciudad (en aquellos entonces) ofrecía un paraje tranquilo, agradable y saludable.

La Castañeda, estaba pensado para ser un hospital en el que se ejercería profesionalmente la psiquiatría. Tanta expectativa generó el proyecto, que la eminencia, el doctor Eduardo Liceaga, influyó de manera determinante en él.

Debido al pésimo control para medir, evaluar y diagnosticar a cada uno de los pacientes ingresados al manicomio, el “emblema de la modernidad” de Díaz, terminó como un Walmart.

Quizás, de haber medido las habilidades de los pacientes de la Castañeda, se habrían dado cuenta si alguno de ellos era apto para reincorporarse a la sociedad, y su tratamiento se habría enfocado en ello. Pero bien dicen que “él hubiera no existe”, es sinónimo de “me atarugué”.

Para 1968, la Castañeda es clausurado y sus pacientes, jamás conocen lo que es ser tratados con dignidad, mucho menos ser evaluados y diagnosticados correctamente. El manicomio, se encontraba demasiado lejos de ser un Hospital Psiquiátrico; era una cárcel donde la más mínima provocación, era motivo para que te enclaustraran; no querer casarse a los dieciséis, por ejemplo. Incluso sus regulaciones para la admisión de pacientes habrían sido más apropiada y eficaz de haber utilizado algunos de los test de la amplia batería que existe hoy día; se sabe que entraban todo tipo de personas, desde prostitutas hasta criminales a solicitud de los policías que hacían la detención de estas personas. No existía una separación básica entre hombres y mujeres, incluso niños eran admitidos en la institución. La única separación existente dentro del manicomio, era la de los pabellones:

  • Pabellón de pacientes peligrosos: está área estaba destinada a los pacientes agresivos y criminales remitidos de la policía.
  • Pabellón de epilépticos: en esa época prácticamente cualquier cuadro epiléptico era considerado idiopático, no había un tratamiento satisfactorio para éstos y además se creía que los epilépticos eran proclives a la violencia y el crimen.
  • Pabellón de imbéciles: Pabellón designado a los pacientes con retraso mental evidente.
  • Pabellón de pacientes infecciosos: aquí se recluía a los pacientes en los cuales se había confirmado la presencia de alguna enfermedad infecciosa como tuberculosis, sífilis, lepra o fiebre tifoidea. De manera arbitraria, las prostitutas eran remitidas a esta área sin que necesariamente se hubiera comprobado que sufrieran alguna enfermedad infecciosa.

El manicomio tenía una capacidad para atender a mil personas, para el día de su cierre, la Castañeda contaba con un total de tres mil quinientos pacientes; tres veces su capacidad y un poquito más. Pese a que todo registro o evidencia, del estado en que se encontraba el manicomio fue destruido, se sabe que el primer problema que tuvieron casi en sus inicios, fue una crisis de alimentos debido a la escasez de los mismos, que por supuesto, eran distribuidos por el estado. Incluso el mismo Díaz Ordaz, quien termina dándole fin al manicomio, dijo que la Castañeda terminó convirtiéndose en el signo de la ineficiencia gubernamental.

Si bien las intenciones de Díaz eran buenas, terminaron dañando a miles de personas.

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