Doloroso Termino del Restaurante Hipódromo : Doctor Plácido Morales Vázquez
El Restaurante Hipódromo no tiene ninguna relación con el mundo hípico, su nombre es el de la colonia donde se ubica, aunque su cocina es predominantemente alemana -seguramente por el origen de sus fundadores de apellido Nadolph-, nunca faltaron en el menú con la salchicha y el sauerkraut, el mole poblano o los chiles rellenos.
Al final de los años 80, invitado por Miguel Flores Cardoso, me convertí en uno de tantos degustadores de esa comida; después, en el 91, fui vocal de organización del IFE en la CDMX cuyas oficinas se ubicaban en Insurgentes y por su cercanía y la deliciosa comida, seguí siendo cotidiano comensal de esa legendaria cocina, más todavía porque su propietario, Don Roberto Nadolph, reconocía a su clientela y con su propio sello mercantil, no manejaba tarjetas de crédito, pero los clientes teníamos crédito a la palabra y así en tiempos de austeridad acumulé notas sobre notas, hasta que un día feliz para mí y seguramente también para Don Roberto, yo las liquidaba.
En una de mis ausencias de la CDMX a mi retorno, siempre fiel con el Hipódromo, me encontré con una noticia: había muerto Don Roberto Nadolph, pero el restaurante siguió con su hijo Robertito y yo seguí con ellos. En los casi seis años de mi desempeño en el TFCA, al menos una vez por semana compartí la cola de res, el chamorro a la alemana o el pollo cornish. Preguntando sobre las ausencias de algunos platillos me dijeron que Don Roberto Nadolph los contrataba con amas de casa aficionadas a la cocina y que los postres los hacían reposteras de las colonias cercanas que por décadas ejercían esa devoción por el arte culinario, pero que algunas ya habían envejecido y otras muerto.
Este 30 de junio, cerró el Restaurante Hipódromo, en la colonia Condesa. Le participo con pesar a mis amigas y amigos con quienes compartimos en estos últimos años las delicias de la cocina alemana-mexicana: Alfonso Zepeda Salas, Fernando Tovar y de Teresa, César Augusto Santiago, Heriberto Galindo, Martín López Obrador y su cuñado Ernesto Castellanos, Magdalena Núñez Monreal, y tantas y tantos que seguramente se condolerán conmigo.
