🦗 El grillito
En los pasillos del Gobierno de la Ciudad de México se respira tensión, y no precisamente por las decisiones del gabinete, sino por la sorda guerra que se libra al interior del Sindicato Único de Trabajadores del Gobierno de la Ciudad de México (SUTGCDMX). Todo gira en torno a un nombre que, para muchos trabajadores de base, representa la posibilidad de una auténtica renovación sindical: Hugo Alonso Ortiz, actual dirigente de la Sección 1 de Limpia y Transportes.
Hugo Alonso no es un improvisado. Su trayectoria, su trabajo cercano con la base y su firmeza en la defensa de los derechos laborales lo han colocado como el favorito para convertirse en el próximo presidente del SUTGCDMX. Y esa fuerza genuina, que emana del respaldo de la mayoría de las secciones sindicales y de miles de trabajadores, tiene muy nerviosos a ciertos actores del aparato institucional, comenzando por José Carlos Acosta Ruiz, titular de la Dirección General de Capital Humano del Gobierno capitalino.
Desde esa oficina, se han activado mecanismos burocráticos, presiones internas y maniobras dilatorias para impedir o bloquear la participación plena de Hugo Alonso Ortiz en el proceso electoral sindical. ¿El motivo? Muy claro: el temor de que, en un ejercicio democrático y limpio, la voluntad de los trabajadores se imponga y haga trizas los equilibrios artificiales construidos desde las cúpulas del poder administrativo.
Lo que Acosta Ruiz no parece entender —o finge no entender— es que el sindicalismo en la Ciudad de México ya no es terreno fértil para el control vertical ni las imposiciones disfrazadas de institucionalidad. Hoy, más que nunca, los trabajadores exigen libertad, transparencia y liderazgo con legitimidad social.
En este contexto, cobra especial relevancia el respaldo que ha ofrecido Alejandro Marín Rangel, histórico dirigente de la poderosa Sección 7 de Panteones, a la candidatura de Hugo Alonso. Marín Rangel, conocido por su firmeza, memoria sindical y capacidad de movilización, ha asumido una posición clara a favor de un proceso libre y sin injerencias. Su acompañamiento a Hugo Alonso representa la convergencia de generaciones sindicales en un mismo clamor: que el nuevo presidente del SUTGCDMX sea electo por la voluntad libre de los trabajadores, no por acuerdos de oficina.
Los trabajadores del gobierno capitalino no están pidiendo favores, están exigiendo respeto a sus derechos democráticos. Bloquear a un candidato con amplio respaldo popular no solo es antidemocrático, es una afrenta a la inteligencia colectiva del gremio.
El reloj sindical sigue su curso. Y aunque desde algunas oficinas se intente detenerlo con presiones, oficios o vetos disfrazados de “procedimientos administrativos”, la fuerza de la base avanza. Hugo Alonso Ortiz está más fuerte que nunca, no solo por sus números, sino porque representa una esperanza real de transformación sindical. Y en política, como en la historia, la esperanza es más difícil de contener que cualquier estructura de control.
(Sí, ese que escucha todo lo que pasa en el piso de abajo)
