La violencia en el Senado: Doctor Plácido Morales Vázquez
El 9 de noviembre de 1926, en los vestíbulos de la Casona de Xicoténcatl, entonces sede del Senado de la República, caía abatido por las balas de dos senadores, el legislador chiapaneco Luis Espinosa; en la sesión recién concluida, el calor del debate había sido extremo. Espinosa había atacado la reelección de Obregón y el senador Hensch la había justificado, eso determinó el fatal encuentro que acabó con una joven y prometedora vida, y también murió Hensch, lesionado por una bala probablemente disparada por Espinosa.
Muchos debates parlamentarios motivaron que relucieran las armas. Por esos años también fue asesinado el diputado Moreno en las puertas de Bucareli por un senador, como él veracruzano; eran las formas de concluir las disputas. Ya en tiempos de Díaz Ordaz, el general Ortiz Ávila, entonces diputado, según la revista Proceso, en una discusión de pasillo con un legislador panista “lo que digo lo sostengo con el cañón de mi pistola” dijo el priista y con eso logró la gubernatura de Campeche. Todavía flotaba en la atmósfera “el valentonismo” y el ambiente a pólvora y plomo de la Revolución. Llegó el tiempo que los movimientos de la sociedad mexicana se fueron imponiendo y el régimen cambió, hubo ya más libertad de crítica al poder, mayor discusión pública y un incipiente sistema de partidos que luchaba por tolerancia y respeto, y el debate político se asentó en el Congreso, principalmente en el Senado, donde el número reducido de legisladores permite una confrontación política más abierta e intensa. Por eso, sorprende y ofende lo visto ayer cuando el senador dirigente de un partido nacional agrede a otro senador que es el Presidente de la Cámara.
No es el hecho de unos empellones, ni de unos golpecitos, es una agresión al Presidente de uno de los Poderes que constituye: el Poder Legislativo. La violencia parlamentaria retorna, y lo más grave, la minimizan algunos comunicadores y eso no augura nada bueno. Lo importante es que la gran mayoría del pueblo de México sabe la verdad y, en su momento, en las urnas, emitirá su veredicto.
