Principios, territorio y pueblo: los ejes de las coordinaciones en la CDMX
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Las candidaturas en la capital son un momento decisivo. Los principios dan legitimidad, el territorio viabilidad y los sectores populares otorgan sentido.
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El primer eje funciona como un filtro ético y político. La Cuarta Transformación se define no solo por un programa de gobierno, sino por una convicción de ética pública: la austeridad republicana, la honestidad, la no corrupción y la defensa de la soberanía. Quienes coordinen la defensa del movimiento en una alcaldía o un distrito local deben encarnar esos principios antes que proclamarlos. No basta con la afinidad ideológica declarada; se requiere una coherencia demostrable entre el discurso y práctica.
La historia muestra que la erosión de la confianza popular durante la época neoliberal ocurrió cuando quienes enarbolaban la bandera del cambio reprodujeron las prácticas de privilegio y saquearon la nación sin un beneficio real para las personas más desfavorecidas. Por lo tanto, la evaluación de las candidaturas de Morena debe incluir la trayectoria pública, la congruencia personal y el compromiso verificable con los valores que dieron origen al movimiento.
El segundo eje, el territorio, responde a una verdad elemental de la política: no se transforma lo que no se conoce. La Ciudad de México es un mosaico de realidades sociales, económicas y culturales. Las necesidades en Iztapalapa no son las de Miguel Hidalgo; las prioridades en Tlalpan difieren de las de Cuauhtémoc. Una persona coordinadora que no habite, transite ni comprenda el territorio que aspira a coordinar difícilmente podrá articular respuestas efectivas para el pueblo.
El arraigo territorial no se reduce a haber nacido en la demarcación, sino a mantener una presencia constante, conocer a los liderazgos locales, identificar las problemáticas específicas y construir relaciones de confianza con la comunidad. Quienes integramos este movimiento lo tenemos claro: no es lo mismo estar en el territorio que trabajar en el territorio. La política de «caminar el territorio» no es una consigna retórica; es una metodología de gobierno que exige cercanía, escucha y presencia permanente.
El tercer eje, los sectores populares, define la base social y el horizonte de la transformación. La Cuarta Transformación se debe, ante todo, a quienes históricamente han sufrido exclusión: personas trabajadoras, colonas, comerciantes ambulantes, jóvenes sin oportunidades, mujeres jefas de familia, así como comunidades indígenas y rurales. Las candidaturas deben garantizar que estos sectores no sólo sean destinatarios de las políticas públicas, sino protagonistas del proceso político. Esto implica que los perfiles seleccionados tengan capacidad de diálogo y organización con estos grupos y que su agenda responda a sus necesidades reales.
La representación de los sectores populares no se logra con gestos simbólicos, sino con la inclusión efectiva de sus cuadros y demandas en la plataforma, respaldada por mecanismos permanentes de participación y rendición de cuentas.
Estos tres ejes no operan de manera aislada; se articulan en una lógica integral. Los principios dan legitimidad, el territorio proporciona viabilidad y los sectores populares otorgan sentido y base social. Una candidatura que cumpla con los principios, pero carezca de arraigo territorial difícilmente logrará movilizar; una que domine el territorio, pero haya perdido la brújula ética terminará reproduciendo el viejo régimen; una que invoque a los sectores populares sin principios ni territorio caerá en el clientelismo.
La intersección de estos tres criterios es la única garantía de que la coordinación de la defensa de la Cuarta Transformación en la Ciudad de México sea algo más que una estructura electoral: un instrumento real de transformación.
La elección de las candidaturas en las alcaldías y distritos locales de la capital es, por lo tanto, un momento decisivo. De ella depende que el movimiento conserve su identidad, profundice su arraigo y mantenga su compromiso con quienes lo hicieron posible. La ciudad que fue laboratorio de las políticas neoliberales hoy se convierte en el escenario donde la Cuarta Transformación demuestra que es posible gobernar con principios, desde el territorio y para los sectores populares. Esa es la apuesta y esa debe ser la brújula de toda selección.
Por Juan Gualito