Columnas

Globalización y fronteras

Ante un panorama donde vemos líderes como Trump o Bolsonaro reuniéndose y prununciándose a favor de fronteras y muros, es interesante relacionar este tema con un escenario globalizado.

Lo que fue concebido como el libre flujo de capitales y mercancías en todo el mundo, se ha transformado, hoy por hoy, en una realidad cultural y política muy compleja. En la actualidad asistimos a la paradoja de que mientras se aplaude la “libertad de comercio”, reclamando la abolición de las fronteras nacionales, por otra parte se reclaman “muros” para evitar el libre flujo de seres humanos diezmados por la pobreza y la guerra.

Así, en Europa, Estados Unidos, incluso en Latinoamérica, surgen líderes xenófobos de tinte racista y nacionalista que rememoran las horas más oscuras de la humanidad.

Aunado a esto, la Globalización ha llegado a los mercados, lo que da pie a la existencia de un espacio mundial donde se confrontan fuerza e intereses. En pocas palabras, la Globalización ha generado un espacio político global cuyo sello es la violencia explícita o implícita.

Para decirlo sin ambages, la Globalización y la guerra resultan ser indisociables. La violencia implícita se expresa como frustración y falta de oportunidades que obliga a las nuevas generaciones  a buscar otros horizontes en las zonas más ricas del planeta. La violencia explícita se expresa como guerras cruentas que provocan muerte, miedo y una emigración de millones de personas.

La noción de “frontera”, permeable a los capitales y mercancías e impermeable a los desplazamientos humanos, se diluye cada día más del imaginario histórico social del siglo XXI. Hoy vemos como la idea de la frontera entre los Estados Unidos y Canadá es más un paseo turístico que un foco de conflictos.

En cambio, la frontera entre Estados Unidos de América y México es un límite problemático y complejo. México y Canadá, países tan distintos que parece una obviedad, pero debemos insistir en ello, que la Globalización y la pobreza generan inevitablemente migraciones humanas en gran escala.

Aquí es cuando se debe reflexionar que cuando las familias mexicanas lo arriesgan todo, incluso la vida de sus hijos, por vivir el sueño americano, cabría preguntarse por qué; cuando un campesino centroamericano arriesga su vida para llegar a los Estados Unidos, corresponde preguntarse qué lo anima a tal situación.

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