Sáb. Abr 11th, 2026

Las buenas maneras, el espejo escénico de estereotipos del cuerpo humano

La sociedad ha impuesto ciertos estereotipos sobre cómo debería ser el cuerpo humano perfecto. Una situación que ha orillado a muchos individuos a vivir bajo el parámetro de ciertas artificialidades que, de una u otra forma, los convierte en entes de una naturaleza muerta. Estas son algunas reflexiones personales que llevaron al bailarín y coreógrafo sonorense Miguel Mancillas a crear Las buenas maneras, que estuvo en cartelera a partir el viernes 26 de julio, en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris.

Mancillas, una de las máximas figuras de la danza nacional, explica que la pieza surge a raíz de los planteamientos que se hacen en torno al cuerpo y los condicionantes que se le exigen; es decir, lo que la sociedad cree que es idóneo para un hombre o una mujer.

«Cuando asumes ese tipo de estereotipos ya estás permitiendo una agresión a tu cuerpo. Me preocupa ver este tipo situaciones de violencia en torno a nosotros mismos. Por ello, creo que es momento de parar y dejar de llevarnos por esos discursos que no son importantes o relevantes para nuestra vida. La apariencia no debe ser un determinante para vivir”. En ese sentido, el público verá reflejado en Las buenas maneras tanto la naturalidad como la artificialidad de la humanidad».

Crecí en el mundo de la danza, por lo que experimenté todos los conflictos que genera trabajar con tu propio cuerpo. «Recuerdo que odié mi primera clase de danza porque me confrontó con todos los discursos impuestos, pero con el paso del tiempo aprendí a entender. No sé si solucioné el conflicto, pero al menos siento que supe enfrentarlo».

Ganador del Premio Nacional de Danza Contemporánea José Limón en 2018, Mancillas considera que a través de su propuesta coreográfica busca replantear una reflexión profunda sobre esta situación porque siente el deseo de que su voz sea escuchada, y no como un discurso moral, sino como un discurso de libertad.

Desde su punto de vista, una de las situaciones que ha detonado la existencia de estos estereotipos sobre el cuerpo humano es negar la animalidad del hombre:

«La negación de nuestras acciones instintivas y asegurar que todo es racional nos ha llevado a cometer equivocaciones en todos los aspectos de nuestra vida. Considero que tenemos que reconocernos en toda nuestra complejidad».

Para lograr una conectividad mayor con el espectador, el coreógrafo sonorense provoca que éste sea creador de la obra Las buenas maneras junto con los 15 intérpretes que aparecen en escena, de tal forma que el público se observa a sí mismo en la vulnerabilidad del cuerpo expuesto:

«Lo que mostramos a los espectadores son cuerpos que se replantean y toman riesgos. Hay confrontamientos cuerpo a cuerpo que serán resueltos por el público. Yo no le ofrezco respuestas, sino que se vaya a su casa reflexionando sobre las artificialidades que hemos construido en la sociedad. Nos hemos apegado a una naturaleza muerta».

Mancillas se dice satisfecho con el montaje, ya que se trata de una propuesta compleja no sólo por el tema abordado, sino porque no es sencillo tener a esa gran cantidad de bailarines en escena:

«Llevar a cabo un proyecto así implica muchos meses de trabajo. No es nada sencillo, mucho menos con la intensidad y profundidad que siempre nos ha caracterizado a Antares. Me siento muy contento».

En la parte musical, la coreografía está cobijada con la famosa pieza Totentanz o Danza macabra del compositor austro-húngaro romántico Franz Liszt. Sobre la elección, el sonorense explica:

«Elegí esta música porque es muy obsesiva. Aunque es una pieza antigua, la siento muy urbana y contemporánea. Su sonoridad me gustó mucho. Hacemos una deconstrucción de la pieza».

Mancillas comenta que también recurre al sonido de la cigarra, un insecto común en los desiertos mexicanos y que, cuando es macho, emite un sonido muy característico para atraer a las hembras:

«Pensé en este sonido por dos razones. Primero porque es un animal que cambia de piel como lo hacen mis bailarines en escena. Segunda porque ese sonido de procreación nos habla de esa parte instintiva que queremos negar con nuestra supuesta racionalidad».

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