Sin el recolector de basura, la Ciudad de México sería un caos.
La Ciudad de México produce diariamente entre 12 y 13 mil toneladas de basura de una población de 9 millones de capitalinos, más cinco que diariamente visitan la capital.
Para ello requiere del esfuerzo humano de por lo menos 30 mil personas que día y noche se dedican a barrer las calles, recorrerlas con carritos que llevan sus tambos, así como camiones que recorren rutas bien definidas para trasladar la basura a los centros de concentración.
Sin el recolector de basura, la capital del país sería el basurero más grande del mundo. No se puede concebir una metrópoli como la que tenemos sin el trabajo coordinado de 30 mil personas que se dedican a recolectar la basura y llevarla a los sitios adecuados para su procesamiento.
Es un trabajo que no se ve o que muchos capitalinos no quieren ver, sin embargo es un oficio mal pagado y de desgaste, porque hay que andar la mayor parte del tiempo en la calle, que solo quienes tienen la camisa bien puesta, se atreven hacerlo.
En la capital del país, 16 mil trabajadores de limpia y transporte tienen base. Ellos en su mayoría se dedican a conducir los camiones recolectores, llevarla a los centros de procesamiento y transferirla a centros de aprovechamiento después de que ya fue seleccionada.
Adicionalmente hay 8 mil que se encuentran en nomina ocho y que realizan tareas de limpieza, con menos sueldo y prestaciones sociales. Debajo de ellos, se encuentran los barrenderos voluntarios que no perciben ningún sueldo, sobreviviendo con las propinas que les dan los dueños y dueñas de los hogares.
Recorren largos tramos para recolectar la basura. No descansan pues su consigna es mantener siempre limpias las calles o banquetas.
Es un oficio tan digno como cualquier otro. La Ciudad de México sería otro sin los barrenderos. Su trabajo mantiene pulcras las 16 alcaldías. Con dos días sin su trabajo las autoridades no sabrían que hacer con 26 mil toneladas de basura.