Columnas

AMLO-Evo, autócratas de «repúblicas bananeras»

BLAS A. BUENDÍA

Reportero Free Lance

filtrodedatospoliticos@gmail.com

Bolivia y México, por ejemplo, son dos “repúblicas bananeras” gobernadas por supuestos demócratas que con el paso del tiempo y en el poder, se fueron convirtiendo en “socialistas” con una combinación pragmática, autócratas sanguinarios.

El socialismo es un modelo extranjerizante de “gobierno” que jamás funcionó, solo para crear ghettos y campos de exterminio como los alemanes de Auswitch. Conforme a las políticas de la globalización y la mundialización, ya no se puede aceptar el símbolo del comunismo de la oz y el martillo, que eternamente caracterizó la época genocida rusa y la Alemania nazi.

Esos pueblos masoquistas que piensan por igual al pasado, están predestinados a vivir, empecinados pero no arrepentidos, en arrodillarse y ser humillados por autócratas que es casi lo mismo a un tecnócrata sin escrúpulos: cortados por el filo de la misma tijera, el poder de la ambición.

Solo que la diferencia es que el socialista se aprovecha de la ignorancia de los demás –de la clase baja e iletrada, carente de estudios profesionales y considerados “parásitos” de la sociedad-; y la tecnocracia tiene mejor estilo harvaniano para engatusar a sus pueblos que finalmente caen en ese mismo vacío de poder.

Para el caso es lo mismo; el político está revestido con trajes a la medida para traicionar a sus pueblos, la historia los ha consignado como criminales de lesa humanidad. Adolf Hitler fue la peor pesadilla que la humanidad haya parido, y aun vergonzosamente lo recuerda con extremo horror.

La contumaz declaración lastimera de la política boliviana Jeanine Áñez, quien asumió el poder de su país de forma interina tras la renuncia del indio Evo Morales, dijo una cruda realidad: “Me dan pena los mexicanos”.

Ese enunciado es una extraordinaria alerta que presentó desde el sureste del Continente Americano, porque –aun cuando lo interpretó- analistas de todo el mundo siguen considerando que “López Obrador es un peligro para México”.

Si bien entre el gran México y la inferioridad de Bolivia no tiene ningún punto de comparación, en realidad Bolivia no se puede igualar con un serio país como es México, ya que éste –vecino de la nación más poderosa del mundo-, cuenta con una población superior a los 120 millones de personas, contra más de once millones bolivianos que no cuentan, geográfica y políticamente, con fronteras   marítimas.

A México eso lo distingue, porque desde cualquier ángulo que se le quiera observar, es el gigante de América Latina, el país hermano que tiene que tolerar a los Estados Unidos considerado por infinidad de críticos, el mejor representante del Diablo, por sus pésimos usos y malas costumbres, se tornan sumamente riesgosos debido al flagelo que representa el tráfico de drogas.

Estados Unidos internamente siempre ha vivido una guerra silenciosamente intestina con alta criminalidad, donde el mismísimo crimen organizado es controlado desde sus instituciones republicanas.

Es el caso del Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés), es la principal agencia de investigación criminal del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

En tanto que la DEA, que es la Administración para el Control de Drogas​ es la agencia del Departamento de Justicia norteamericana, dedicada a la lucha contra el contrabando y el consumo de drogas en la Unión Americana, además del lavado de activos, es la ejecutora sociopolítica que desestabiliza a gobiernos, combinada sus acciones como un Cartel al cual se le puede estimar el más grande y bien organizado del planeta.

Dice la autoproclamada presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, “a mí me dan mucha pena los mexicanos, porque de algo de lo que nosotros queremos salir, ellos decidieron entrar”.

Lo anterior, en referencia sobre el asilo concedido por el gobierno de México al depuesto presidente Evo Morales, quien llegó a tierras azteca el martes 12 de noviembre 2019, por la mañana luego de un vuelo con obstáculos, en momentos confusos cuando un nutrido grupo de ex agentes de la Policía Federal protestaban en las inmediaciones del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, en demanda de sus liquidaciones que el mismo gobierno obradorista generó el descontento político y social al despojarlos descaradamente de sus empleos.

López Obrador se ha echado a cuestas la circunspección del odio pacífico en su contra de muchos desesperados que creyeron en el “rayito de la esperanza”. Hoy sufren las consecuencias, aunque hay que advertir, el clima del país está hondamente colapsado pese a su irascible frase “me canso ganso”.

De aquel “humilde campesino político”, de ese “caudillo de papel” que por más de 18 años anduvo tras el poder, hoy viste trajes costosísimos del House of Bijan, una boutique norteamericana a la que solo acuden potentados y presidentes de todo el mundo.

López obrador con la llegada de Evo a México, se puede deducir que es el inició de llamar a sus émulos dictatoriales para crear un equipo estratégico y atacar, a traición y con puñalada trapera, la noble idiosincrasia de los mexicanos, por decir lo menos.

En efecto, la republicana Jeanine Áñez, si bien tachó al tabasqueño “socialista”, aceptó que «la decisión de los mexicanos fue esa: un socialista en el poder, y ojalá que no tengan que lamentarlo como nosotros».

Jeanine Áñez, quien se autoproclamó presidenta de Bolivia en una sesión del Parlamento en la que no había quórum, subrayó que le dan “pena los mexicanos”. Bolivia, como otras naciones, vive la convulsión social, es decir, hasta el mismo México tiene escenarios manchados de sangre.

La declaración de Jeanine corrió como pólvora a raíz de una entrevista con Fernando del Rincón para la cadena CNN, horas después de la proclamación. Áñez aseguró que Evo se fue a México “porque quiso, porque no se atrevía a responderle al país. Fue un acto cobarde”.

Ojalá que México y los mexicanos, insistió, “no pasen estas situaciones tan desafortunadas que hemos pasado nosotros solamente por reclamar el hecho de vivir en democracia y libertad, solamente por querer reclamar el hecho de que se respete el voto nuestro cuando vamos a las urnas.

“Yo espero que México no pase por todo lo que hemos vivido nosotros durante este tiempo, porque así son los socialistas, utilizan mecanismos democráticos y luego se aferran al poder; y después engañan a la gente, cooptan instituciones, se termina la institucionalidad democrática. Pero la decisión de los mexicanos fue esa: un socialista en el poder, y ojalá que no tengan que lamentarlo como nosotros lo estamos lamentando ahora”, puntualizó Jeanine Áñez.

Pese a ello, López Obrador en reiteradas ocasiones ha dicho que “respeta” las leyes, al igual que a la Constitución, en fin…, dice el dicho, “que se lo crea su mamá y su abuelita”, como lacónicamente se ha expresado pero con la saña combinada con el histrionismo. Un chocarrero a menos…

La vox populi, notoriamente irritada y “mucho muy” arrepentida, no solo lamenta que Andrés Manuel haya traicionado sus promesas, sino sentencia: “¡México estaba mucho mejor sin López Obrador!”, y eso en verdad, es cierto.

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