Columnas

La popularidad de Obrador según Oraculus

David Marklimo y Ricardo Stern

López Obrador fue electo por un 53 por ciento de los votos. Esto significa que hay un 13 a 15 por ciento de electores que no votaron por él en 2018, pero que hoy lo respaldan, aunque cada vez un poco menos. Al menos, eso se interpreta revisando el compilado hecho por Oraculus.mx. De su punto más alto, en febrero de este año, con 81% de aprobación y 14% de desaprobación, llega a noviembre con una clara tendencia en declive, con 67% de aprobación y 28% de desaprobación.  Esto quiere decir que tuvo una caída de entre 15 y 17 puntos en su nivel de aceptación.

Aunque es elevado el apoyo que hoy tiene López Obrador tampoco es que sea un fenómeno nuevo. Sucedió ya con Fox o con Calderón, en los primeros meses de sus administraciones, tal cual lo muestran los mismos datos de Oraculus. Dada esa experiencia, no hay certeza de que este nivel de popularidad pueda mantenerse a lo largo de los meses y mucho menos al paso de los años.

Sin embargo, a diferencia de otras administraciones, esta visión pierde de vista un hecho. El nivel de respaldo que hoy tiene el presidente de la República se da en el marco de una economía que se encuentra prácticamente estancada y con niveles de inseguridad muy elevados. Es decir, a pesar de que hay condiciones muy desfavorables, se califica con un nivel alto la gestión del presidente. La única explicación que existe ante esta circunstancia es que López Obrador ha logrado que su imagen sea desasociada de las acciones de gobierno. Es decir, uno es el presidente y otra la administración en acción. A grandes rasgos, esta disociación podría indicar que la ciudadanía está más dispuesta a tenerle paciencia a AMLO que la que le tuvo a otros gobernantes.

Ahora bien, esto no es lo más sorprendente, sino más bien lo contrario, esto es, que la caída en la popularidad, dada la realidad del país, no haya sido más drástica todavía. Sabemos, por ejemplo, que quizá la mayoría de los votos que llevaron a López Obrador a la presidencia no eran “votos duros”, sino gente que decidió “darle una oportunidad”, o que, por decirlo de la manera más simple, creyó en la propaganda obradorista que pintaba al país en una situación prácticamente de catástrofe y prometía soluciones mágicas.

Es decir, no hablamos de “fanáticos” casados hasta que la muerte los separe con López Obrador, como los feligreses de La Luz del Mundo con su líder, sino de personas que quizá veían con recelo al actual presidente cuando era candidato (y lo fue mucho tiempo), o simplemente votaban por otras opciones, pero en las cuales en algún momento hizo efecto la corrupción priista y el discurso obradorista y decidieron, como decíamos, “darle una oportunidad”.

Esto significa que, en el instante en que estas personas observan que las soluciones lopezobradoristas no están funcionando, teóricamente deberían bajarse del barco al instante. Y sí, esto ha pasado en muchos casos, y con AMLO también.  Lo que las mediciones de aprobación de la gestión presidencial están mostrando es que todavía hay muchos de esos obradoristas de ocasión que no se han decepcionado de él, a pesar de que no ha mejorado la economía o la seguridad  (o ni siquiera ha sabido mantener el estado anterior de las cosas). Por eso, insistimos, lo que habría que empezar a estudiar el fenómeno de la paciencia ciudadana.

David Marklimo es escritor. Ha sido Observador Electoral en 2006, 2012 y 2018.

Ricardo Stern es filosofo. Ha sido colaborador de La Tecla desde 2010, donde publicó el libro La razón Ardiente.

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