Sáb. Abr 4th, 2026

¿Lealtad?

BLAS A. BUENDÍA

Reportero Free Lance

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Esa “lealtad” es una plena mascarada no solo por la arrogancia y entreguismo a un villano que bajo engaños sistémicos llegó a conquistar el poder.

Aunque muchos no lo crean, se valió de la paradoja complicidad constitucional de los altos mandos militares quienes ahora, cabizbajos, siguen tolerando la ruindad del PejeLagarto, con sus insultos que viene profiriendo desde su campaña, convirtiéndolos en la bajeza del salvajismo de un demente y perturbador narcisista, con acciones que ejecuta de forma enfermiza y humillantemente intolerable.

Inconcebible que el PejeLagarto mantenga la injuria y la diatriba en contra de quienes considera sus “enemigos”, mas no antagonistas políticos, sino “enemigos”, y de refilón, denostar el honor que merece una de las instituciones más amadas y respetadas del país como es el Ejército Mexicano.

El PejeLagarto, con sentido judío, insulta e incita a los “enemigos” para corromper el Estado de Derecho y sus leyes que gobiernan a México, editando malos libros de economía cuando en su vida “universitaria”, como estudiante fue un fisco al convertirse en un fósil de las “islas” de la Máxima Casa de Estudios.

Antes, durante y después, el presidente López se ha burlado no solo de nuestras instituciones, sino de la literatura y, sobre todo, la música. Exactamente, cuando se entona el Himno Nacional en actos protocolarios, desconoce las literarias estrofas escritas por el potosino Francisco González Bocanegra, bajo el compás del compositor y concertista español Jaime Nunó Roca, quienes dieron origen a la solemnidad del Himno de México.

En un ambiente hostil, lastimosamente apoyado con un alto y poderoso influyentismo seudo judío que pareciera estar orquestando una Narco-Misión-Secreta, el PejeLagarto sigue empecinado en devastar a toda esta nación.

Ya la colapsó, ya la crispó para que, entre los propios mexicanos, permee el resentimiento, la envidia, el fracaso, la decepción, el odio, el encono, el separatismo, el rencor y el oportunismo.

El objetivo del PejeLagarto es gobernar -como cuando los judíos hicieron Época-, “a la humanidad”, toda vez que el “político” tabasqueño no es creativo sino destructivo, es un enemigo de la cultura y un genocida por despojar de los presupuestos constitucionales al Sector Salud, donde millones de mexicanos están bajo la asechanza de los predecesores de la Industria de la Muerte.

La mala política de gobernar a toda una gran Nación, ha sido el Talón de Aquiles del PejeLagarto, siendo, además, el punto de partida medular de la antítesis del desarrollo.

Porque millones de mexicanos siguen descorazonados en los arenales del hambre y la pobreza extrema, cuando entonces el PejeLagarto viaja en lujosísimas camionetas blindadas, custodiado por un destacamento de pelones del Estado Mayor Presidencial, así como atendiendo a exiliados genocidas como es el Caso Evo Morales, y un sinfín de pifias que en menos de un año aceleró el desprestigio y la ruindad que explora un Gobierno fallido.

La Patria que todos desean no se podrá alcanzar sin realizar la tarea, ahora titánica, para remover de la Silla Presidencial a López Obrador, ya que, si no fuera por la historia del PRI, no estaría esta Nación forjándose para consolidar su progreso.

Los filósofos acusan que “existen algunos dementes y perturbadores, o simplemente cobardes, que al final todos son cobardes, echar abajo las raíces de los pueblos del mundo”, y en ese aspecto, el PejeLagarto ha mostrado su gran talento para inauditamente demolerse, arruinarse y devastarse asimismo en su propio patíbulo.

La arquitectura filosófica del presidente Benito Juárez, que permea y se ha consolidado a través de todos los tiempos: “A mis amigos: justicia y gracia. A mis enemigos, justicia a secas”, ese será el Boomerang que sufrirá el PejeLagarto en su historia como presidente de la República, que equivocadamente se viene comparando con el Benemérito de las Américas.

¿Lealtad?

¿Dónde millones de mexicanos habrán escuchado esa palabra?

Lealtad: Sentimiento de respeto y fidelidad a los propios principios morales, a los compromisos establecidos o hacia alguien.

«El obrar con lealtad a sus significaciones abría al rey terreno el camino del reino eterno; el vínculo feudal consistía en una obligación de lealtad hacia el señor que otorgaba el feudo y que, a su vez, se comprometía a defender a sus infeudados; el dictador cuidó de garantizar la lealtad de sus altos mandos promocionándolos política y económicamente».

¿Lealtad?

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