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Marcelo Ebrard, «faccioso illuminati» de la cofradía de MORENA

BLAS A. BUENDÍA

Reportero Free Lance

filtrodedatospoliticos@gmail.com

Marcelo “El Chelito” Ebrard, tiene la insana obsesión -con un largo historial de traiciones en su carrera política-, de ser presidente de los Estados Unidos Mexicanos, como cuando fue con su mentor Manuel Camacho Solís, y que ahora caído del cielo Andrés Manuel López Obrador, forman parte de “los rayos falso de la esperanza”, donde el tabasqueño logró atraer a más de 30 millones de votantes para llevarlo a la cúspide y ocupar la Silla Maldita de Palacio Nacional.

Pero  el  ex jefe de gobierno de la ciudad está ciegamente sometido al ahora Presidente de México, es decir, bajo la férula de Andrés Manuel López Obrador, fue quien en el pasado le heredó el gobierno de la Ciudad de México, y que en su momento no le permitía que lo rebasara hasta el propio Camacho Solís, cuya relación de su tinglado político, se disolvió hasta que “la muerte los separó” de éste último.

Si Camacho viviera, “la perversidad de las tres bandas” prevalecería (Peje-Ebrard-Camacho), y seguramente la disputa política sería más apremiante porque fue quien por instrucciones del ex presidente Carlos Salinas de Gortari, que Camacho sobornó con cajas de cartón conteniendo muchos millones de pesos, para aquietar los alborotos del “caudillo de papel” conocido como El Peje.

De esto da cuenta clara Álvaro López Ríos, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas, quien afirmó que en 1991 fue testigo (ocular) cuando Manuel Camacho Solís pidió que le entregaran a Andrés Manuel López Obrador 150 millones de pesos para que pusiera fin a sus propuestas por el fraude electoral en Tabasco.

Álvaro López Ríos resaltó que él estaba con Manuel Camacho Solís, entonces regente del Distrito Federal, y con Marcelo Ebrard, uno de los colaboradores, cuando se dio la instrucción de dar a López Obrador esa cantidad en efectivo.

“Veníamos de una reunión en Xochimilco –comentó- fuimos testigos de los recursos que recibió. Camacho ordenó que le dieran 150 millones de pesos en efectivo, en tres cajas de huevo, para que se retirara del Zócalo”.

“El señor Presidente (López Obrador), cree que somos iguales, pero no”, sentenció el dirigente agrario en relación a la negativa del actual Jefe del Ejecutivo federal para entregarles recursos presupuestarios a los dirigentes de todas las organizaciones, sino que el propio gobierno lo haría directamente con la gente para evitar acciones de “corrupción”.

En el pasado, los méritos para ser candidato por el entonces PRD eran nulos, pero en “un respiro de fe y esperanza”, Marcelo revivió entre las cenizas volcánicas de las política mexicana porque ya nadie le brindaba la confianza y porque resultó ser un extraordinario defraudador de la Línea 12, la famosa Línea Dorada.

Si bien Marcelo a quien apodan desde sus años mozos “El Chelito” –por lo del Consuelo ante sus cóleras y arrebatos-, paradójicamente el Yupi de la Condesa dejaría de presumir ser de “izquierda”, pero nadie le cree,  aunque se disfrace de “guerrillero”.

Es decir, un guerrillero ad hoc que viste trajes del Hause of Bijan del Beverly Hills, California, Estados Unidos, más aun, que siendo canciller de Relaciones Exteriores del gobierno obradorista, es el Gran Comendador de la Orden de los Iluminatis del partido MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional).

En los corrillos del Poder Legislativo, aciertan que Marcelo Luis Ebrard Casaubón –descendiente de su abuelo francés Marcelo Ebrard Reynaud- afirman que “lo que sí puede presumir es que es chueco, muy chueco. Y represor, muy represor”, lo que viene a confirmarse lo que alguna vez la desparecida politóloga María de los Ángeles Moreno Uriegas, confesó a este reportero: “Marcelo representó ser un gran ladrón” en la construcción de la Línea Dorada” del Sistema de Transporte Colectivo-Metro.

Lo cierto también que tanto Andrés Manuel como Marcelo dejaron una estela de corrupción inolvidable vinculada en sus gobiernos ya que desde cuando era Distrito Federal y luego su nomenclatura cambió por Ciudad de México, dejaron un pésimo  servicio de transporte público corrupto y defraudador, en torno al conflicto interminable que ya lleva 24 años la ex Ruta 100. Desde siempre, se han venido cometiendo muchos robos a mano armada en contra de automovilistas, a negocios, asaltos a peatones, y con impuestos confiscatorios.

Con todo esto, Marcelo tuvo el lujo de presumir poseer el título de ser “el mejor alcalde del mundo”, presumiendo en su entonces, que la capital del país, “es una ciudad de vanguardia”, por acciones tan siniestras y retrógradas, por la autorización de las bodas entre personas de un mismo sexo, por permitir el aborto libre, y por la protección al grupo lésbico gay, del cual en el pasado, Andrés Manuel López Obrador perteneció a la asociación del actor oaxaqueño Tito Vasconcelos.

“Él renunció a nosotros por el qué dirán, pero él formó parte de nuestra agrupación gay”, recordó en una entrevista que este mismo reportero le desarrollara en uno de sus restaurantes y hoy dueño plenipotenciario de los “Cabaretitos” de la Zona Rosa, antes de que López Obrador fuera el Jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Tanto López como Ebrard, transformaron al histórico Zócalo de la Ciudad de México, en un vulgar zoco, que ha tenido los multiusos necesarios, que bien podría servir para pista de baile, que para pista para patinar en  hielo. En suma, han prostituido a la ciudad, en el marco del desorden y la anarquía de los vendedores ambulantes.

Haz obra que algo sobra…

“Chelito” tenía a la ciudad de cabeza, hoyos por aquí…, y grandes baches por todos lados  -hasta hoy en día-. Llevaba al cabo obras millonarias “para beneficio de la ciudad”, y quien se opusiera tenía “el servicio del H. Cuerpo de Granaderos”, para convencer a los protestantes con la Ley del Tolete.

Los granaderos siempre han estado listos para reprimir a los capitalinos que reclaman, pero desatienden sus obligaciones de brindar protección a los manifestantes, sean del SME, los Panchos Villa, los taxistas piratas, etcétera,  y demás profesionales de las industrias en marchas y plantones.

Las grúas, un cochinito y un cochinero

En la remembranza, la operación de grúas concesionadas que en su entonces le dejaban cientos de millones de pesos diarios, no sólo por el arrastre, el depósito en los corralones, sino por la enorme corrupción que sigue existiendo en esos lugares prohibidos, que ante la falta de estacionamientos, los automovilistas tienen que sortear los peligros a los que se enfrenta con los representantes del orden público.

En la época de Ebrard, el negocio de las grúas logró enriquecer a su familia, la mitad era para la familia de su entonces esposa, la  señora Mariagna Pratts, y de su hermano fallecido (de sida), Fernando.

La represión de los que se dicen ser de “izquierda” –una izquierda arrogante y desquiciadora-, el pago por el “servicio de grúas” se aproximaba a los mil pesos por arrastre, por el depósito de la unidad, copias originales de la factura a nombre del “infractor”, de la tarjeta de circulación, de las tenencias pagadas, certificado de no multas, y finalmente para el “chesco”, acciones de corrupción muy arraigadas en los sistemas gubernamentales de la capital azteca.

El peje, su “padrino”

Su relación con el Peje es muy, pero muy estrecha, no sólo porque lo rescató del desempleo cuando fue cesado por su ineficacia e incompetencia como “secretario de Seguridad Pública” y por su indiferencia ante el linchamiento de dos policías federales, en Tláhuac.

Marcelito, “El Chelito de la polaka mexicana”, como  mozo de estribo de Camacho Solís, tuvo la responsabilidad de “indemnizar” por “desgaste físico” al “Peje”,  entregándole maletas repletas de dinero, que haciendo una comparativa con la entrega que hacía el empresario argentino Carlos Ahumada a otro de los colaboradores cercanos del Peje, entonces Jefe de Gobierno del DF, René Juvenal Bejarano, era cosa de ladronzuelos de banqueta y pacotilla.

Al Peje -ahora Presidente de México-, se le ha dado el trato de ser un “capo de capos”, exprimiendo hasta donde pudiera ser, las arcas del erario federal autorizado por el presidente Carlos Salinas, a instancias de su regente de la ciudad, Manuel Camacho Solís.

Los plantones que encabezó Andrés Manuel le redituaron multimillonarias ganancias. López Obrador sabía que ya le había puesto el “cascabel” al gato del gobierno salinista. Sabía por dónde tocar las puertas de la corrupción para zacear su simulado “desgaste físico”.

Los plantones en la Plaza de la Constitución, organizados por el  propio regente de la ciudad Manuel Camacho Solís, formaban parte de sus permanentes componendas con el propio Peje. Entre ambos le extrajeron todo el dinero que quisieron a Salinas, y éste para evitar problemas de tipo social, tenía que doblar sus manos. Ese dúo dinámico representó su “Talón de Aquiles”.

Marcelo Ebrard sigue teniendo un sistema de comunicación típico del demagogo, primero creaba un problema y luego la solucionaba con la utilización de la Ley del Tolete. Estas actitudes antidemocráticas las aprendió de su maestro y guía Víctor Manuel Camacho Solís, fallecido el 5 de junio de 2015.

Camacho Solís fue un político mexicano, antiguo miembro del Partido Revolucionario Institucional y por entonces uno de los más cercanos colaboradores de Carlos Salinas de Gortari. Nació el 30 de marzo de 1946 en la Ciudad de México, y contaba con 59 años.

Como colofón, el Caso Manuel Camacho Solís es interesante analizarlo, dado que no se puede dejar de lado su historial negro, porque fue una de las personas más cercanas e influyentes con Carlos Salinas de Gortari; desde su época de estudiantes, cuando en la UNAM a ellos dos y otros compañeros que eran hijos de funcionarios del gobierno, los apodaron utilizando la marca de un dulce de esa época, “Los Toficos”. Y ello porque el jingle publicitario era, “Toficos, ¡ay que ricos son…!”, esto formaban parte de las dinastías de las familias ricas y de clase alta.

Camacho siempre estuvo a la sombre de Salinas y donde éste tenía algún cargo, ahí estaba Manuel. Eso aconteció en la Secretaría de Programación y Presupuesto, cuando el titular era Miguel de la Madrid, ahí con un grupo muy cercano laboró Camacho.

En 1981 y 1982 fue en el PRI, subdirector de Estudios Políticos del Instituto de Estudios Políticos, Económicos y Sociales, el titular era, obvio, Carlos Salinas de Gortari. Fue subsecretario de Desarrollo Regional de la SPP, y el Secretario era Salinas.

A Camacho siempre lo numeraron como “un gran negociador”, pero sus detractores lo acusaban que era efectivo, solamente que lo hacía únicamente para sus propios intereses.

Conforme a que pretendía ser el siguiente candidato a la Presidencia, las manifestaciones que llegaban al Zócalo, pasaban por el filtro ni más ni menos de Marcelo Luis Ebrard Casaubón, si es que no se llegaba al extremo de que ellos mismos las propiciaban, como la de los barrenderos de Tabasco, liderados por el Peje López Obrador, cuyos apestosos y encuerados escandalizaron en la Cámara de Diputados.

Entre el Peje y Camacho se da una situación muy sui generis. Siendo Regente de la Ciudad, Camacho Solís utilizó al Peje políticamente como presión para que un problema en Tabasco lo trasladara al Zócalo del entonces DF, para finalmente Camacho apareciera como el negociador. Años después, cuando el Peje llega a Jefe de Gobierno, utiliza políticamente a Camacho Solís, quien era diputado por el PRD, cumpliéndose la cuota de poder.

“¡Cómo da vueltas la vida!” reza el refrán popular. Marcelo Ebrard, ante la falta física de Manuel Camacho Solís, ahora tiene el camino libre para convertirse en “El Delfín” del “Peje”, a quien podría sustituir en la Presidencia de la República en el 2024, una vez cuando se haya cumplido el sexenio obradorista, bajo el efecto legal: “Sufragio Efectivo, No Reelección”.

En la lógica, no hay plazo que no se venzan, toda vez que para abatir las ambiciones del costeñito sureño de pretender reelegirse pese a que los autócratas siempre lo han hecho, es decir, conquistar el poder por la vía democrática, pretendiendo ambicionarlo por décadas, en pocas palabras, el Peje-Ebrard, suscribieron un acuerdo faccioso autodenominando La Ley de los Audaces de la cofradía de MORENA, para que la izquierda se perpetúe en el poder.

Marcelo Luis Ebrard Casaubón es un político mexicano que, desde diciembre de 2018, se desempeña como Secretario de Relaciones Exteriores de México.​ ​Está afiliado a Morena desde 2018.

Nació el 10 de octubre de 1959 (edad 60 años), en la Ciudad de México, tiene orígenes franceses –por su abuelo, de nombre Marcelo Ebrard Reynauld, oriundo de Barcelonmete, Francia-, toda vez que en esa nación se exilió ante las denuncias de desvió de recursos en la construcción de la Línea Dorada del Metro, estimada en más de 35 mil millones de pesos.

Asimismo, la carrera de corrupción en México ha sido interminable ya que el mismo Marcelo, egresado del Colegio de México, también le entregó al Peje 35 millones de pesos por “desgaste físico” a fin de que despejara la Plaza de la Constitución, es decir, recibió doble partida.

Marcelo fue precandidato a la Presidencia de México por el PRD, por lo que tuvo que declinar a favor del Peje a pesar de que la encuesta lo favorecía, incluso signaron un acuerdo verbal para que Ebrard en el futuro fuese el candidato, ahora de MORENA, para la Primera Magistratura de la Nación.

Fue titular de la Secretaría de Seguridad Pública; su negligencia permitió el linchamiento y quema de agentes federales, aún con vida, en Tláhuac, con la peregrina disculpa de que los lugareños podrían derribar a pedradas los helicópteros.

En su exposición mediática, un extraordinario rumor que desde hace muchos años ha venido corrido como pólvora en los pasillos del Poder Legislativo en contra de Ebrard, se dice que se divorció de la actriz Mariagna Prats Donovan “porque lo sorprendió en la cama con otro masculino”, incluso la vox populi conoce de sus atrevimientos cuando viaja a Nueva York, allá lo espera un amor moreno de alto calado (…)

Finalmente, el ahora Ministro de Relaciones Exteriores en el régimen lopista, lleva buena estrella ya que a leguas se observa que “es el político consentido del Peje”, y se menciona reiteradamente que es su “Delfín” para el 2024 para la Silla Presidencial de Palacio Nacional, siempre y cuando al Peje se le disuelva la diabólica idea de que México no acepta la reelección de nadie, aun cuando se trate de violentar el espíritu constitucional.

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