Jue. May 28th, 2026

Sobre la rabia: el tercero y lo que viene

En estos días de la pandemia, de confinamiento dentro de un cuarto y frente a una computadora, tuve la suerte de hablar largo y tendido con Federico Bonasso, de quien fui gran fanático cuando destrozaba baterías en Rockotitlán. Hablamos de muchas cosas, del oficio de escribir, de política y la IVT por supuesto, de música (de Pete, pero sobre todo de Lennon). Si bien fue una platica que te deja alegre en medio de tanta tristeza, sigue estando ahí la ilusión de ese tercer disco del Juguete Rabioso. Recuerdo colgar y pensar: este tipo no sabe lo que sería, lo feliz que haría a un montón de gente. Chale.

¿Se vale una confesión? Siempre quise preguntarle a John el por qué pensaba que el sueño se había acabado. Entiendo que él se perdiese muchas otras cosas (la infancia de Julian, por ejemplo) a cambio de ir persiguiendo lo que quería a los quince. No lo culpo: una vez que alcanzas la meta, a veces, te das cuenta que no era todo lo que suponías y que el sacrificio que hiciste no valía la pena. Hay que tener cuidado con lo que quieres de pequeño, porque puedes acabar consiguiéndolo. George dijo algo parecido: ellos (por los fans) nos dieron su dinero, pero nosotros les ofrecimos el sistema nervioso. Quiero decir, entiendo el que no se quiera tener un tercer álbum del Juguete, pero como Paul, George y Ringo entendieron veinte años después al realizar la Antología, el enfoque está mal. ¿Qué pasaría si lo tuviéramos? ¿Sería siendo un disco del Juguete? Esas deberían ser las preguntas.

De antemano concedo que no quieran hacerlo porque el número tres es rarito: es el segundo número primo, pero es el primero en ser impar. Es el único número primo que es consecutivo (es decir, que no puede haber un dos sin un tres) y es el primer número del famosísimo π. También es el primer número gemelo. Y en él, Euclides y Pitágoras, basaron toda la aritmética. Si es de los números mas famosos, puede ser que dé miedo sacarlo. Pero, al revés, uno puede decir que es la magia de los números … y quizá también de la música. Esto, lo de la magia, dado que hablamos de una banda que siempre tuvo a la rabia por estandarte, da pie a una reflexión interesante.

¿Por dónde empezar a hablar sobre la vigencia de la rabia? Si bien puede sonar estúpido para mucha gente que una banda signifique algo en la vida de una persona (a todos ellos, disculpen, quizá sea la nostalgia de una juventud que ya no volverá y de unos tiempos que parecen más amables que estos del Covid), hay que hacer un pequeño ejercicio de observación para entenderlo. Si vieron a Paul cuando daba la vuelta por Liverpool, en el auto, lo entenderán mejor. Es eso que él define como la magia de la música, lo que una melodía con unas cuantas palabras hacen y también, si observamos a Corden desmoronarse mientras suena Let it be, entenderemos la rabia de cuánto duele perderlo. Para cerrar con la metáfora del Carpool Karaoke, habría que decir que la música del Juguete me remite a una imagen, como a Corden … a esos jueves donde uno se acostaba ya en viernes … pero remite más que nada a lo que sucedía ya una vez que había amanecido y el día despuntaba. Uno sabía que en la casa del abuelo le esperaban los mejores chilaquiles para paliar la desvelada, la cruda, la culpa, la rabia …

Y ahora todo es más difícil … ya es arriesgado que un jueves se convierta en viernes, el abuelo se fue, ya no se hacen chilaquiles como esos y uno ha crecido y se ha convertido en esa figura de autoridad llamada padre. Ha pasado tanto tiempo que ya es bastante complicado seguir pensando en el Juguete como un conjunto, una banda. Es difícil decirlo y asumirlo, pero es así. También es verdad que sí, queda la rabia, esa impotencia ciega, que lo asalta a uno cada que ve a un policía -dicho esto en los tiempos del señor Alfaro- o un soldado, por más que AMLO me diga que ya son pueblo bueno uniformado. Es la permanencia de la rabia, como esos fugitivos que permanecen, lo que queda. Así todo es más gris, como si este tiempo hubiese pasado en vano y no aprendiésemos nada. ¿Qué decir?

Quizá por ese motivo pienso que un tercer disco del Juguete sería algo enorme, grandioso. Sería un ejercicio parecido a pararse frente a un espejo, observarse lentamente. El tirón del pasado es tan fuerte como el tirón del futuro, pero el ejercicio de reconocimiento siempre dice algo. Vale, ya no somos los mismos, hemos crecido y ahora muchos ya no tienen pelo. Nos salió la barriga y ahora tenemos papada, capaz que usamos lentes y tenemos dos o cuatro dientes menos. Ya no escuchamos y necesitamos aparatos para la sordera. Pero ese guiñapo sigue teniendo sangre, vísceras. Ahí en el fondo, en la memoria, donde todo arde y es polvo (como ese verso de Quevedo: venas que humor tanto fuego han dado, médulas que han gloriosamente ardido) está la rabia, vieja compañera. Quizá la óptica de abordar éste tercero, deba ser similar a la de escribir un testamento. Dado que el tiempo  tiene la particularidad de pasar y no cambiar gran cosa, siempre hay algo nuevo que decirle. No será lo mismo, pero tampoco será distinto, pues hasta los más salvajes se hacen mayores.  Reconocerlo no es de cobardes, pero ignorarlo nos confirmaría que somos viejos sin sentido y sin memoria. Terrible.

David Marklimo, autor de Limpio no te vas y Peten en Waterloo.

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