Vie. Nov 27th, 2020

La Carta Magna que derrocó a un poder tirano

BLAS A. BUENDÍA (*)

Con una inagotable fuente de extraordinaria sapiencia, sabiduría e inspiración constitucionalista, la Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados, A. C., hizo un llamado respetuoso al Ejecutivo para que “¡por favor, respeten y enaltezcan nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos!”

Ante las acechanzas y constantes violaciones que ha sido objeto nuestra sagrada Carta Magna por parte de “fuerzas extrañas” que pretenden dividir a los mexicanos, reviviendo los poderes fácticos y ególatras muy propias de los oclócratas -fenómeno que se nutren del rencor y la ignorancia dando pie a la regeneración de la tiranía-, es urgente reafirmar el espíritu del Constituyente del 17.

El prestigiado abogado penalista Alberto Woolrich Ortiz, presidente de este gremio académico, si bien precisó que “en todo momento se debe evocar la histórica asamblea constituyente del 17”, también consideró que no se necesita ser necesariamente un jurista ni un profundo conocedor del Derecho Constitucional para entender que si un Jefe de Estado nombra unos colaboradores, doctos o no, ya sean estos un Fiscal de la República de calidad o carente de ella, están reconociendo de manera expresa la existencia jurídica de lo expuesto en nuestra Constitución, que integra 136 artículos.

En ceremonias del pasado, los presidentes de la República justipreciaban constantemente el valor intrínseco al externar la pieza de prosapia del 17: «Nuestra Ley fundamental se ha transformado, porque la realidad nacional también ha cambiado. Se ha fortalecido para responder a las necesidades de nuestro tiempo; se ha renovado para aprovechar mejor las oportunidades», pero sellando el patriotismo porque como la Constitución de México no hay dos en el mundo.

Si bien subrayó que “la Constitución dio sentido histórico y proyecto de futuro a la Revolución Mexicana”, expuso que la Carta Magna -promulgada en 1917 por los constitucionalistas que le dieron vida en el Congreso Legislativo del estado de Querétaro-, tiene un extraordinario sentido común que todo mundo la entiende, porque los arquitectos quienes la edificaron, le instalaron los cimientos y gigantescos pilares para que ningún gobierno que haya emanado de cualquier fuerza política, tuviera la tentación de destruirla.
Para el jurista Woolrich Ortiz, hablar del tema de la Constitución Política de los Estado Unidos Mexicanos, es una acción inagotable de conocimientos para seguir construyendo el futuro de los mexicanos, sobre todo para aquellos que llegaron al poder por la vía democrática, que pese a ello, no les da ningún derecho de echar abajo su fundamento jurídico.
Y, por supuesto –apunta- sobre todo cuando al tomar posesión de los honrosos cargos como Primer Magistrado de la Nación o los concernientes, éstos deben de dar cabal cumplimiento a lo expresado por los artículos 87 y 128 de nuestra Suprema Ley.
En este contexto, con la humildad que le caracteriza al defensor de los derechos humanos y sobre todo los preceptos de nuestra dignificante e incomparable Carta Magna, solicitó a la venia de sus admirados e ilustres lectores, para transcribir y enriquecer en lo conducente lo que rezan dichos preceptos, que incluso, valga el término del derecho, debe prevalecer por siempre en la memoria de todos los mexicanos.
El Presidente, al tomar posesión de su cargo, prestará ante el Congreso de la Unión o ante la Comisión Permanente, en los recesos de aquél, la siguiente protesta:

Artículo 87.- «Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de Presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión; y si así no lo hiciere que la Nación me lo demande».

Artículo 128. «Todo funcionario público, sin excepción alguna, antes de tomar posesión de su encargo, prestará la protesta de guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen».

Ante esos hechos llenos de la riqueza patriótica y nacionalista y que nadie pone en tela de duda que el pueblo de México, en su abrumadora mayoría, es muy respetuoso de la ley, mencionó los hechos que no son indiscutibles, para que la autoridad sea mucho muy respetuosa de nuestro Pacto Federal, cuando precisamente y ante la Carta Magna juran su lealtad a ella y a México, en términos de lo que disponen los numerales ya enunciados, pero que muchas veces la violentan.

Los artículos de mérito surgieron no de un acto de simple espontaneidad, sino de una larga lucha fratricida en la que se derramó la sangre de nuestros hermanos, sangre que sirvió de tinta para que las generaciones posteriores a 1917 la respetaran.

Los mexicanos, sean chairos o fifís, liberales o conservadores –actos del Ejecutivo nada dignos de satanizar a los ciudadanos bien nacidos en esta nuestra Gran Nación-, «no podemos enterrar así nada más, los refulgentes ideales de la Carta Magna que derrocó a un poder tirano, ególatra y el cual se perpetuó en el poder por muchos años, dando origen al repudio del pueblo de México».

Ese juramento que deriva de nuestro más elevado Texto Constitucional –subrayó el penalista Woolrich-, no ha podido ser cumplido por muchas autoridades de esta Gran Nación, «en razón de su nefasta ambición de poder y de dinero. La sangre derramada por nuestros hermanos mexicanos no es poca cosa. La historia no fue escrita en balde».

Ciertas autoridades muy bien identificadas –señaló- nunca han servido ni a los intereses del pueblo, ni de la justicia, ni mucho menos de México. Para ellos, cuya lealtad no está en nuestra Patria sino en el poder y el dinero, se les dedica estas irrefutables líneas reflexivas.

La Academia de Derecho Penal del Colegio de Abogados, A. C., está cierta que nada en verdad ganamos los mexicanos con unos Poderes Ejecutivo, Legislativo o Judicial que no respeten su juramento, y son propiamente a ellos que van dirigidos estas consideraciones y argumentos para su ilustración y conocimiento, que si bien es cierto no me la han pedido, se las ofrezco por mi México, que no es el mismo al de Ustedes.

Empecemos la ilustración, la cual dudo que entiendan esos feudales identificados como enemigos de la Patria, diciendo: «Nuestra actual Suprema Ley no sólo debe implicar un fasto cronológico en la historia jurídico-política de México, sino el refrendo de los valores y principios que dicho documento conjuga armoniosamente con sus prescripciones normativas».

Abundó: «Grandes maestros de la Facultad de Derecho de mi idolatrada Universidad Nacional Autónoma de México, entre los que destacan Don Pedro Hernández Silva, Don Ignacio Burgoa Orihuela, Don Iván Lagunes, Don Ricardo Franco Guzmán, Don Ricardo García Villalobos, Don Salvador Mondragón Guerra, Don Jorge Sánchez Cordero -sólo por mencionar algunos-, nos educaron refiriendo que nuestra Ley de Leyes merece la ‘renovación constante de propósito cívico en gobernantes y gobernados para ceñir la conducta de unos y otros a las normas que la integran’. Sin este propósito y su decidida realización México sería un País estéril», alertó.

Añadió: «A todos mis grandes compañeros de estudios miembros de la generación 1965-1969 de la Facultad de Derecho, se nos preparó para defenderla y respetarla y así lo hemos hecho; y también se nos enseñó que dicho cuerpo normativo ordena en su Título Noveno que nuestra Carta Magna sea y resulte inviolable».

Prescindiendo deliberadamente de diversas opiniones doctrinarias que corroboran las anteriores aseveraciones, es necesario afirmar, para concluir, que sobre la Constitución Mexicana y como factor determinante de su contenido, existen principios que se derivan por inferencia lógica del ser, del modo de ser y del querer ser de un pueblo.

«A esos principios, los juristas los designamos con el nombre de decisiones políticas fundamentales que son las mismas que hasta la fecha y no obstante ciertas promesas de cierto señor (…) no se han tomado. Por todo ello, sólo les reitero a todos esos agentes del poder: respeten mi Constitución ‘cabritones’, porque el pueblo ahora lo exige», concluyó.

(*) Reportero Free Lance
filtrodedatospoliticos@gmail.com

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