Mié. Nov 25th, 2020

¿Educación divertida? Desde Jorge Barrera hasta Donald Trump

Nos contaban los precursores de la educación escolarizada (sobre todo la pública) en este siglo, que ella es (¿era?), sinónimo de aprendizaje, movilidad social y capacidad para responder propositivamente problemas actuales como la exclusión, la discriminación, la desigualdad entre otros. Tres son (quién sabe si esto siga siendo válido en tiempos de confusión), los pilares para alcanzar los objetivos descritos: 1. Lectura y escritura, 2. Desarrollo de una mentalidad matemática y de investigación y 3. Formas de convivencia con los demás.

Al menos los dos primeros puntos había o hay que generarlos a través de una labor disciplinada, constante y rutinaria, pues a través de ello no sólo se consolida la formación, sino que también se generan hábitos y se logran mediar conflictos. No obstante, desde hace al menos unos 20 años, la concepción educativa orientada a los niños de primaria hasta universidad y posgrado cambió. Resulta que en esas edades había dificultades para seguir el hilo de una clase eminentemente oral y dónde la única fuente de información era el docente y el libro. En el mejor de los casos, no entendían nada y en los más radicales, ya la actividad del aula generaba tedio.

Aburrirse fue la nueva palabra que se integró al vocabulario y a las prácticas escolares en estos nuevos tiempos, por lo cual era necesario tomar otros caminos para que los estudiantes no se fueran de los salones de clase. De tal suerte y con la llegada de la actual civilización ligera, se adoptó la noción de divertido como canon para la restructuración de los procesos formativos. Desde realizar avatares, hasta presentaciones con colores llamativos y llegando a videos incorporando sonido, texto e imagen, se convirtieron en los lugares comunes y también los que supuestamente permitirían la construcción de conocimiento.

Todo esto, muestra que a partir de una parte emotiva y de seducción, se alcanza la meta no sólo de la educación en línea, sino de aquella que realmente se proponga gestionar formaciones significativas. No obstante, aprender desde una óptica más compleja, no puede quedarse ni en una trama simplificada entre aburrimiento y diversión y tampoco en ejercitar y aplicar la cognición, sino implica qué podemos hacer con lo estudiado para tomar conciencia personal y colectiva para nuestra mejora como colectivo. Y esto me parece que no se alcanza ni con la virtualización de la enseñanza y tampoco con brindarle a los alumnos ambientes de entretenimiento.

Lo dicho se relaciona con el caso de Jorge Barrera, miembro de la comunidad de la Preparatoria 5, a quien le indicaron sus amigos que la escuela ya estaba abierta. El joven fue y desapareció diez días y por fortuna fue encontrado en vida. Sus compañeros le “gastaron” una “broma” y eso puede ocurrir, sin embargo, en estos momentos de riesgos sanitarios, de seguridad pública y de incertidumbre económica ¿se vale hacer este tipo de chanzas? Si son aprendices en un bachillerato ¿no deberían tener el tacto para cuidar sus comportamientos? ¿No deberían estar educados?

Se entiende por supuesto que esta idea de educar con diversión no generó esto, no obstante, qué puede ocurrir con la parte intelectual, afectiva y moral de los próximos profesionales si se impone una perspectiva que en aras de “nuevos” “métodos” y “estrategias” “innovadoras”, se vaya diluyendo el respeto al prójimo, no sólo en su condición educativa, sino en el plano integral de su ser.

El otro caso es el de Donald Trump, con independencia de su postura ideológica, le ocurrió algo nunca visto y es que los medios de cadenas televisivas lo censuraron sobre su discurso del fraude que según él se cometieron en las elecciones del 3 de noviembre, porque según ellos estaba diciendo mentiras, es decir, se autoasignaron funciones de jueces únicos para acallar otra voz distinta. De ser así qué se puede esperar de esos medios que en ocasiones son utilizados en la educación para formar ciudadanos. Así ¿De qué sirve ir a la escuela a aprender divirtiéndose cuando no resulta nada chistoso que exista ese tipo de acallamiento totalitario?

De igual forma, si entretener es la máxima en la instrucción; ¿con qué argumentos las generaciones futuras van a lograr controlar estos poderes cuando es posible que nuestra mente se distraiga placenteramente con lo digital y no fuera o sea capaz de organizar reflexivamente los conocimientos y destrezas? De nosotros depende saber controlar ese oscurantismo que perjudicó al presidente de los Estados Unidos.

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