Mié. Oct 5th, 2022

Meloni acaricia el poder en Italia y pavimenta el camino de la extrema derecha en Europa

La favorita para las elecciones italianas se prepara para gobernar en la tercera economía de la UE. La ultraderecha acaba de sacar un resultado histórico en Suecia. El factor ruso.

Goergia Meloni está muy cerca de hacer historia. La líder de los Hermanos de Italia podría convertirse en la primera mujer en presidir el gobierno de su país y también en la primera dirigente neofascista al frente de una de las economías más grandes de la Unión Europea. Su probable triunfo -las elecciones son el 25 de septiembre- será un impulso a la extrema derecha continental y una advertencia para la democracia: los partidos que postulan discursos xenófobos y cuestionan a Bruselas parecen no tocar techo.

Pero el crecimiento de Meloni se enmarca en los avances de otros dirigentes ultraderechistas. En abril, el primer ministro húngaro Viktor Orbán obtuvo un nuevo mandato y una mayoría legislativa absoluta después de una campaña basada en confrontar con la UE y criticar el respaldo militar a Ucrania. Ese mismo mes, Marine Le Pen perdió ante Emmanuel Macron, pero redujo la brecha en relación con la segunda vuelta de 2017, pasando del 33,9% al 41,46%. Y en la Asamblea francesa, la bancada de su partido, Agrupación Nacional, incrementó el número de diputados de 7 a 89.

Meloni, que reconoció la buena sintonía con Orbán y Le Pen, aseguró recientemente que en caso de ganar se acabará la «diversión» en Europa. «No dejemos que Bruselas haga lo que Roma puede resolver mejor», dijo. Esas palabras apenas se distinguen de la propuesta de una «alianza de naciones soberanas» de Le Pen, que es una adaptación de los planes de Orbán para la UE. La presidenta de Fratelli d’Italia llega al tramo final de la campaña con un aliento inesperado: el ascenso de los Demócratas de Suecia.

Tras un proceso de aparente moderación -la formación estaba copada por una mayoría de militantes neonazis-, la ultraderecha liderada por Jimmie Akesson se volvió más digerible para la derecha tradicional y el sistema político en general

El partido ultraderechista sueco fue el segundo más votado en las elecciones del domingo pasado y precipitó la renuncia de la primera ministra socialdemócrata Magdalena Andersson. Tras un proceso de aparente moderación -la formación estaba copada por una mayoría de militantes neonazis-, la ultraderecha liderada por Jimmie Akesson se volvió más digerible para la derecha tradicional y el sistema político en general. La retórica antinmigrante permeó al resto de los partidos y ahora será clave en el próximo Ejecutivo sueco.

La excandidata presidencial francesa Marine Le Pen.

Al igual que Le Pen y Akesson, Meloni ensayó el camino de la «desdiabolización», si bien su trayectoria y sus postulados son explícitos. «Meloni representa una derecha radical europea asentada en el nativismo, un nacionalismo enormemente excluyente basado en criterios de nacimiento, el autoritarismo, con pulsiones para derribar contrapesos de la democracia liberal, y el populismo, es decir, una lógica discursiva antagónica, dicotómica y que reduce todo el debate a buenos y malos», asegura a LPO Daniel Guisado, politólogo por la Universidad Carlos III de Madrid.

«Desde este punto de vista, no hay profundas diferencias con el resto de las derechas radicales. Sin embargo, su genealogía es diferente. Meloni, su partido y su círculo más cercano proceden del posfascismo italiano. Aunque hayan evolucionado y asentado en el sistema democrático sus orígenes están vinculados al Movimiento Social Italiano (MSI), una formación creada por dirigentes del régimen de Saló, la ocupación nazi-fascista italiana de finales de la Segunda Guerra Mundial», continúa.

La derecha radical crece cuando se les abre la puerta, se pacta y se habla como ellos. Esto ha pasado en Italia, Francia y muchos otros países. Si das a elegir entre la original y la blanca, la ciudadanía se queda con la marca original

La ultraderecha europea no es uniforme. Meloni se muestra a favor de favorecer a los italianos, postula el «gran reemplazo» -una teoría conspirativa que asegura que la inmigración busca terminar con la población local europea- y es abanderada de los «valores cristianos», lo que la enfrenta con el feminismo y el movimiento LGBTIQ. Pero al mismo tiempo se presenta como atlantista y una opción confiable para Bruselas, dejando el euroescepticismo para sus aliados de la Liga, el partido de Matteo Salvini.

 Jimmie Akesson, líder de los Demócratas de Suecia, un partido de origen neonazi.

Para Laura Méndez, politóloga e investigadora sobre extrema derecha, «Meloni ha moderado el tono porque le interesa gobernar con una holgada mayoría». «Respecto a Rusia, mantiene una posición más ambigua que otros líderes ultraderechistas no por convicción, sino porque aspira a ampliar su espacio electoral. No puede manifestarse especialmente prorrusa cuando intenta pescar en el caladero de la vieja guardia política de la Democracia Cristiana, una formación que era profundamente anticomunista», señala a este medio.

La dirigente neofascista cuenta con Salvini y Silvio Berlusconi, líder de Forza Italia. El primero es un confeso admirador de Vladimir Putin y el segundo un amigo personal del presidente ruso. Enrico Letta, secretario general del Partido Democrático y principal rival de Meloni, viene denunciando una presunta interferencia del Kremlin en el proceso electoral. Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se refirió el jueves a los «caballos de Troya de la autocracia» que amenazan a la democracia.

Berlusconi y Salvini representan fenómenos más nuevos y oportunistas y, en consecuencia, más expuestos a la influencia rusa y a la fascinación por el liderazgo de Putin

La analista considera que Meloni «no cree en el actual proyecto europeo y muestra un tibio atlantismo», aunque «ha procurado diferenciarse de sus socios». «Le Pen abrió la posibilidad de que la mujer desempeñase un rol activo y una posición de liderazgo en la extrema derecha. Berlusconi y Salvini representan fenómenos más nuevos y oportunistas y, en consecuencia, más expuestos a la influencia rusa y a la fascinación por el liderazgo de Putin. Lo que observamos en Italia y allí donde los conservadores se alinean con extremistas es una derecha radicalizada o fascistizada y el hundimiento de la centroderecha», apunta Méndez.

El primer ministro húngaro Viktor Orbán.

Antonio Tajani, expresidente del Parlamento Europeo y número dos de Forza Italia, negó que Meloni y Salvini fueran dirigentes de extrema derecha. Así se pavimenta el camino para la normalización de los partidos de la derecha radical. Pero este fenómeno «no crece del día a la noche», dice Guisado. «En Italia se lleva hablando en términos enormemente negativos de la inmigración desde los años 80. La propia Liga Norte, de la que procede Salvini, ya cargaba contra la inmigración exterior e interior en el norte del país. «La ausencia de cordón sanitario también es importante. En muchos países la derecha tradicional ha abrazado las tesis de la derecha radical para llegar o mantenerse en el poder», sostiene.

El coautor del libro Salvini & Meloni: Hijos de la misma rabia subraya que «Berlusconi llegó al poder en los años 90 de la mano precisamente del MSI y de la Liga Norte, ambos con discursos xenófobos y reaccionarios». «La derecha radical crece cuando se les abre la puerta, se pacta y se habla como ellos. Esto ha pasado en Italia, Francia y muchos otros países. Si das a elegir entre la original y la blanca, la ciudadanía se queda con la marca original», indica. Es lo que sucedió en Suecia y lo que podría pasar en Italia, según las encuestas.

Por la dimensión y el peso de Italia en la UE, un potencial gobierno encabezado por Meloni envalentonará a las ultraderechas que, con sus matices, buscan blindar las fronteras y avanzar en la desintegración europea o, en el mejor de los casos, en el recorte de sus competencias. La pregunta que sobrevuela es cuán lejos pueden llegar los partidos más radicalizados.

El Kremlin apuesta por influir en la política europea

Rusia cuenta con dirigentes leales en la UE. Orbán garantizó el suministro de gas con Gazprom pese a las sanciones acordadas por Bruselas. El premier húngaro nunca ocultó su admiración por Putin. Tampoco lo hizo Salvini, que atinó a rebajar su entusiasmo por Moscú a partir de la invasión a Ucrania. En el último debate antes de la segunda vuelta, Macron le recriminó a Le Pen que hubiese reconocido la anexión de Crimea por parte de Rusia. «Usted depende del poder ruso y depende de Putin», le dijo después de conocerse la financiación de una campaña de Le Pen con fondos de un banco ruso.

Los nexos son suficientes como para admitir que Putin tiene favoritos en Europa. «A Rusia le interesan gobiernos en Europa con antisistemas y euroescépticos y, especialmente, gobiernos de extrema derecha porque representan un factor de inestabilidad y de oposición a la izquierda y al liberalismo progresista», dice Méndez. En el caso de Meloni, si bien se ha distanciado del Kremlin, «la percepción de una Europa decadente y la repulsa a un Occidente de libertades la sitúa más cerca de la Rusia actual, nacionalista y conservadora».

Matteo Salvini, líder de la Liga.

Según una investigación de The Washington Post, Rusia habría destinado unos 300 millones de euros desde 2014 para ayudar a candidatos y formaciones afines. La inteligencia estadounidense asegura que estos fondos tenían como objetivo debilitar los sistemas democráticos en Europa, Asia, África y América Latina. «Rusia siempre que puede interfiere en las políticas nacionales europeas, no porque las derechas radicales sigan su ideario, sino porque genera tensiones internas que siempre ayudan a Rusia», asegura Guisado.

«Buscan la desestabilización, no la implantación de sistemas favorables a ellos. Dicho esto, las dudas y preocupaciones existen actualmente en Italia, pero no hay pruebas fidedignas. Lo que sí sabemos es que Berlusconi es íntimo amigo de Putin y Salvini estuvo implicado en una causa de financiación ilegal en el que, supuestamente, su partido recibió dinero del régimen ruso hace no demasiado tiempo», concluye.

Con información de La Política Online

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