“Las letras no se comen, pero que bien alimentan”
Hoy por la tarde, tuve la oportunidad de estar en la casa de Miguel Ángel Porrúa; excelente amigo, histórico editor de la vida del mundo y en especial de la mexicana. Pude tener entre mis manos y ante mis ojos, verdaderos tesoros convertidos en libros. Miguel Ángel Porrúa los saca de un librero que, al mismo tiempo, es una caja fuerte, un túnel del tiempo y un tesoro invaluable.

Acarició con toda habilidad y con mucha ternura la Constitución de 1917 en su primera edición, impresa por El Universal en aquel año; también me prestó las Cartas de Relación de Hernán Cortés y la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España. Después guardó todo con la misma delicadeza y en un escrupuloso orden, cerró la caja fuerte del tiempo y tomamos un delicioso café.

Miguel, es un hombre tan histórico como su histórico tesoro.

