La Economía Mexicana con Nuevas Estrategias : Diputado Pablo Trejo Pérez
15 años después, animados por el estallido inicial de progreso, fijaron un plazo ajustado: “Resolvemos, de aquí a 2030, poner fin a la pobreza y al hambre en todo el mundo”.
Durante un tiempo, parecía que se avecinaba una era de progreso extraordinario para la humanidad.
A medida que el primer cuarto del siglo llega a su fin, está claro que los nobles objetivos de las últimas décadas no se cumplirán, no solo para el mundo, sino también para México.
En términos generales, el crecimiento económico experimentó una serie de cambios a la baja: del 5.9 por ciento en la década del 2000; al 5.1 por ciento en la de 2010; y al 3.5 por ciento en la de 2020.
Desde 2014, los ingresos per cápita en México han sido medio punto porcentual más bajos que el promedio en las economías más ricas, lo que ha ampliado la brecha entre ricos y pobres.
Las reformas internas se estancaron y los programas sociales del anterior sexenio han servido para que la sociedad se estabilice, pero no para que crezca.
La deuda pública alcanzó máximos históricos al dispararse los gastos públicos de capital sin que aumentaran los ingresos.
La integración económica se debilitó: como porcentaje del Producto Interno Bruto, los flujos de inversión extranjera directa son hoy solo la mitad del nivel de la década del 2000. El contexto internacional tampoco ayudó.
Un dato al respecto: las nuevas restricciones al comercio internacional en 2024 fueron cinco veces más que el promedio de 2010-2019.
La consecuencia es que un tercio de las y los mexicanos sobreviven con menos de 2.15 dólares al día. Este objetivo ha sido el centro de los esfuerzos de la Cuarta Transformación.
Crisis y conflictos
Sin embargo, su progreso prácticamente se ha estancado en medio de conflictos crecientes, frecuentes crisis de seguridad y un crecimiento persistentemente débil.
Estos altibajos ponen de manifiesto los aciertos y errores en el desarrollo en el primer cuarto de siglo y arrojan luz sobre lo que pueden hacer en los próximos años para trazar su propio progreso independientemente de lo que ocurra más allá de sus fronteras.
México no debe hacerse ilusiones sobre la lucha que le espera: los próximos 25 años serán más duros que los 25 anteriores. Necesita un nuevo planteamiento que refuerce su capacidad para valerse por sí mismo frente a Trump y aprovechar las oportunidades de crecimiento allí donde se encuentren.
Oportunidades
Con las políticas adecuadas, algunos retos pueden convertirse en oportunidades. Dados sus vínculos comerciales –más de 17 tratados de libre comercio– México puede cosechar importantes recompensas incrementando las reformas para atraer la inversión y profundizar los lazos con sus socios comerciales.
Sin embargo, en un momento de incertidumbre política mundial excepcionalmente elevada, México haría bien en no dar nada por sentado. Sería mucho más conveniente que redoblara los esfuerzos para tomar las riendas de su propio destino.
