Lun. Jun 15th, 2026

El Voto por un Nuevo Orden Judicial : Doctor Plácido Morales Vázquez

Mucho se ha escrito y dicho sobre el voto. Lo cierto es que nadie puede negar que el voto es un acto de suma relevancia para el ciudadano, cualesquiera que sea el voto: desde votar en una elección presidencial hasta en una elección en un club deportivo.

La votación del domingo 1 de junio fue algo atípico, por esa razón compararla en números y resultados con una elección presidencial es absurdo. Esta elección fue prácticamente un plebiscito ya que no había una a dos opciones en competencia, había aspirantes a jueces, magistrados, o ministros sujetos al escrutinio y al voto, con cuya acumulación numérica alcanzarían la nominación al cargo propuesto. Por otra parte, no había competencia entre programas definidos, ideologías sostenidas por partidos políticos y que hacen intensa la competencia y mueven a la ciudadanía a las urnas; ni hubo la intensa propaganda y confrontación mediática que se hace entre partidos y candidatos lo que calienta aún más el ambiente y motiva a votar. No fue eso, pero aun así los ciudadanos mexicanos, quizá por las muchas décadas en que se votaba pero el voto no decidía, hemos comprobado en las últimas elecciones que comenzaron a ser realmente competitivas en el 2000 y fue cuando inició un interés creciente, emoción y hasta intensa pasión por votar y decidir.

Pero hablemos de la elección del Poder Judicial: lo que parecía imposible y generó en un principio dudas y oposiciones, hasta en algunos personajes que ahora resultaron beneficiados, no surgió espontáneamente. Al menos así pareció cuando la reforma fue obstruida por el propio Poder Judicial y también ante las insolencias de la ministra Piña; decía que el presidente López Obrador se la sacó de la manga. Pero ahí va mi razonamiento sobre la personalidad y el pensamiento de Andrés Manuel López Obrador.

Seguramente muchos de sus opositores supusieron no saldría a votar o hasta que no se encontraba en Palenque, Chiapas; pero lo cierto es que contra cualquier vaticinio, incluso de algún comentócrata que dijo se exponía a que le gritaran, se presentó a votar prácticamente solo y de buen humor. Lo atendieron, se tomaron fotos, está en Palenque y no se deja ver, aunque su casa es muy expuesta -aclaro su casa no es la de la foto que han exhibido con una leyenda, que dice con letras ostentosas “La Chingada”, es otra más modesta-, en la que un portón metálico separa la calle de la casa, y prácticamente en el hotel de al lado se puede observar los movimientos dentro del terreno que debe ser algo así como una hectárea. Lo cierto es que Andrés Manuel está en Palenque y escribiendo, afirmó. A muchos les sorprenderá que un hombre quien fue Presidente la República viva en una modesta casa y se resista a la exhibición pública y, es más, se controle de no salir a jugar beisbol, pero algo debo decir yo que considero conocerlo: es una persona de una férrea disciplina de trabajo y por supuesto emocional. Andrés Manuel López Obrador es un monje laico, controla con voluntad firme todo desde sus hábitos hasta sus emociones políticas.

Al expresidente López Obrador muchas veces lo acompañé a recorridos, cuando andaba de pueblo en pueblo denunciado el caso del Fobaproa, cuando el gobierno legítimo. Nunca le escuché un comentario o una plática inocua, siempre preguntando sobre pueblos y comunidades; alguna vez, en el parque de Chicomuselo, le narré el cuento de que se llamaba así por Francisco Muselo, el héroe local, y que el pueblo le llamaba Don Chico, un héroe de la Revolución -por supuesto, ficticio, el personaje nunca existió-, y en el parque la gente decía sobre el irreconocible busto de Madero que era la figura del personaje “Chicomuselo”, lo que alcanzó un sonora risa de él. Lo demás era siempre preguntas y meditación sobre la provincia chiapaneca.

Alguna otra vez me preguntó sobre la suspensión provisional en el amparo y por qué: le expliqué con muchos pasajes de conferencias de su paisano Madrazo (Carlos), de cómo la suspensión salvaba vidas y patrimonios. Él que se quedaba reflexionando y quién sabe después de cuántas charlas como ésta concibió que los juzgadores debían pasar el escrutinio del voto.

El voto nunca estará de más, mucho dio y dará en las futuras elecciones. Dice Carlos Elizondo que las elecciones educan, y hemos comenzado una educación sobre el derecho, el deber y el por qué votar en las elecciones judiciales; también Don Emilio Rabasa afirmó: “los verdaderos ciudadanos deben desconfiar de todo hombre público que combata y de todo gobierno que objete el sufragio, la defensa de la universalidad del voto revela el propósito solapado de excluir a todo el pueblo de los intereses públicos”.

 

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