La Historia de la Malinche y su Punto de Inflexión : Doctor Plácido Morales Vázquez
Claudia Sheinbaum Pardo anunció recientemente, dentro del programa “Mujeres en la Historia” de “La Mañanera”, la inclusión de la Malinche como personaje central de la historia de México. El anuncio no admite discusión en un personaje femenino relevante como es ella. Como debió haber sido su nombre de origen: Malintzin, o la Malinche, como se deformó, o Doña Marina como la bautizaron cuando fue cristianizada.
En lo que existe coincidencia en las fuentes documentales es que fue regalada a Cortés, junto a otras 19 mujeres esclavas, en Guatzacoalco. Sobre su origen y su nombre de nacimiento, lo más riguroso es lo que escribió Joaquín García Icazbalceta, de que su nombre era Malina y se le agregó la desinencia “alli”, conejo, por el año de su nacimiento y que había nacido en un pueblo de nombre Painalá; aunque Bernal Díaz del Castillo escribe Painla, como a 8 leguas de Guatzacualco, por eso se afirma que ella era oriunda de Copainalá, pueblo Zoque ubicado en la región norte de Chiapas, al que se le reconoce como el centro de la región Zoque, hablantes de esa lengua del tronco Olmeca. Es decir, que no era el Maya y entonces ella, La Malinche, tuvo como lengua original el Zoque, y narra Bernal Díaz del Castillo que por las disputas sucesorias en el cacicazgo que ejercía el padre de ella, fue entregada a algunos principales de Xicalango y ellos fueron quienes la obsequiaron a Cortés en tributo dado por los pueblos Chontales de Tabasco.
Razón le sobra a la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de promover el conocimiento -hasta donde el rigor histórico lo permita-, de esta excepcional mujer, cuyo talento contribuyó junto a los miedos mitológicos de Moctezuma y la viruela, a la conquista de México, reconociendo como consumación de este hecho a la caída de Tenochtitlan el 13 de agosto de 1521, por ser esta metrópoli el emblema de la civilización indígena.
La Malinche o Doña Marina es quizá la mujer más relevante de la historia de México. Su contribución a la conquista de México y a la fundación de la cultura mestiza es de incalculables proporciones, descubriendo a los españoles con elementales palabras del Náhuatl, al Maya y del Maya al Castellano que pasaron por la mente de ella y las palabras de Aguilar, para que Cortés comprendiera la dimensión de su empresa y la grandeza del mundo al que se enfrentaba. Cuántos parlamentos se dieron por ella con los caciques indígenas y cuántos pactos y guerras se evitaron antes de la llegada de los castellanos a la gran Tenochtitlan.
También la Malinche dio al mundo naciente el primer mestizo simbólico: Martín Cortés, hijo que ella concibió con Hernán Cortés. Con él comenzaba la raza mestiza, después se darían las mescolanzas de muchas razas que hacen nuestra raza y cultura.
La Malinche también abrazó la religión cristiana con devoción, dice Bernal Díaz, cuando fue bautizada en Guatzacualco e hizo prédica en la lengua Náhuatl sobre los males de la idolatría y lo cruel de los sacrificios humanos.
Las explicaciones que ahora se dan en la reafirmación del humanismo mexicano, deben centrarse en un elemento fundamental: nuestra identidad, y ésta no la podremos entender sin la diversidad cultural precortesiana, la mezcla de culturas que nos llegaron de Europa y las mujeres mexicanas empezando por la Malinche o Doña Marina, como la bautizaron.
