Morena y los sindicatos en pos de una nueva gobernanza laboral
La relación entre Morena y los sindicatos se ha convertido en un tema central del debate político mexicano. Como hemos sostenido de manera contundente, su incorporación plena es impostergable. Sin embargo, este acercamiento no puede ni debe significar una vuelta a las viejas prácticas del corporativismo sindical que caracterizaron al régimen del PRI. La cuestión no es si Morena debe relacionarse con los sindicatos, sino cómo debe hacerlo para construir una alianza que fortalezca la democracia y los derechos laborales, sin repetir los errores del pasado.
Para entender la necesidad de esta relación de nuevo tipo, es imperativo recordar el modelo anterior. Durante la mayor parte del siglo XX, México fue un caso paradigmático de “corporativismo de Estado”. Bajo el PRI, el Estado controlaba y regulaba estrechamente a los sindicatos y a las asociaciones de empleadores. Este sistema, aunque presentaba una fachada de representación, subordinaba los intereses de las y los trabajadores a los del partido en el poder y al modelo de acumulación de capital. La transición democrática, que culminó con la fallida alternancia y la llegada del PAN al gobierno en el año 2000, logró cambiar al partido en el poder, pero no desmanteló este sistema clientelar, caracterizado por la escasa rendición de cuentas y el control.
Sin embargo, el camino está lejos de llegar a su fin. Hoy, el desafío es que la relación con los sindicatos, lejos de convertirse en un mecanismo de control, se consolide como un auténtico espacio de representación y defensa de los derechos laborales, en el marco de la nueva legislación y del T-MEC.
1. Fortalecimiento de la autonomía sindical. La base de la nueva relación debe ser el respeto irrestricto a la libertad y autonomía sindical. Esto significa que los sindicatos no deben ser instrumentos de control gubernamental, como ocurría en el pasado, sino organizaciones independientes que negocien libremente las condiciones laborales. Las reformas al sistema de justicia laboral, que incluyen mecanismos para atender violaciones a los derechos de libertad sindical y negociación colectiva, son un pilar en este sentido y deben ser defendidas y aplicadas cabalmente.
2. Diálogo social permanente para el desarrollo de las y los trabajadores. La relación debe enmarcarse en un diálogo social genuino. En lugar de una relación vertical y jerárquica, se debe promover una mesa de diálogo donde el gobierno, los sindicatos y el sector privado discutan temas cruciales. La propuesta para reducir la jornada laboral de 48 a 40 horas semanales es un ejemplo de una agenda que requiere consenso y la participación activa de las organizaciones sindicales para ser exitosa, sostenible y permanente.
3. Modernización sin atajos. En Morena nunca caeremos en la tentación de utilizar viejas prácticas de control político, como la manipulación de los registros sindicales o la imposición de liderazgos. ¡No somos iguales! La relación con los sindicatos debe formar parte de la construcción de un nuevo Estado de bienestar y de justicia social. La Presidenta Sheinbaum ha mostrado, con su gestión, que es posible gobernar con altos índices de aprobación sin recurrir al autoritarismo, y esta misma lógica debe aplicarse al movimiento obrero.
La relación entre Morena y los sindicatos no solo es necesaria, sino ineludible para la gobernabilidad y la justicia social en México. Sin embargo, esta alianza debe ser virtuosa, moderna y democrática. Debe aprender del pasado para no repetir sus errores, construir sobre los logros alcanzados y consolidar un nuevo pacto social donde los derechos de las y los trabajadores estén en el centro, no como un instrumento de poder.
POR JUAN RUBIO GUALITO
DIPUTADO DEL MORENA
@JUANRUBIOG
Cortesia de El Heraldo
