Borrachos tirados en la calle
BLAS A. BUENDÍA
Reportero Free Lance
filtrodedatospoliticos@gmail.com
En Corea del Sur, como en muchos otros países, existe un problema con el alcohol.
Según algunas fuentes Corea del Sur es el país con mayor consumo de alcohol per cápita del mundo, muy por encima de otras potencias alcohólicas como Rusia o Irlanda.
Hoy dejaremos de lado los problemas causados por la omnipresencia de las botellitas verdes para centrarnos en el lado cómico del asunto.
Una de las imágenes que más sorprenden a los extranjeros en las primeras incursion es nocturnas (o no tan nocturnas) es el gran número de coreanos borrachos hasta el punto de que literalmente no se pueden mantener en pie.
Lo más sorprendente es que este fenómeno no se limita a jóvenes de marcha o indigentes, sino que también es muy común entre hombres trabajadores que unas pocas horas antes estaban dando el callo en alguna oficina.
Estos salary man borrachísimos, muchas veces aún vestidos con la ropa de la oficina, que se quedan tirados en cualquier esquina a la espera de que se les aclaren las ideas, son los protagonistas del post de hoy.
Coreano borracho en un parque
Bebiendo de día.
Coreano borracho de noche
Y bebiendo de noche.
Estas dos imágenes están tomadas de un blog llamado Black Out Korea, que se dedica a publicar fotos de coreanos durmiendo la mona en lugares públicos.
También ponen fotos en su página de Facebook, y lleva ya tanto tiempo documentando este fenómeno que también publica muchas fotos «donadas» por sus numerosos fans.
Este blog tuvo problemas en el pasado debido a los netizens, que lo acusan de dar una mala imagen del país.
Sobre la privacidad de las personas retratadas sin su permiso no voy a entrar, pero es cierto que algunos de los fotógrafos no se limitaban a inmortalizar la tajada sino que se retrataban junto al artista haciendo alguna payasada o directamente faltándoles al respeto. Eso está mal.
Por eso, la página puso dos normas para las fotos: no deben ser de indigentes o personas con algún tipo de problema, y en ellas no debe aparecer ninguna otra personas haciendo burla del retratado.
Una vez marcadas estas dos normas, se supone que el resto de fotos son meras instantáneas de una faceta menos turística de la cultura local.
Tres cosas que sorprenden bastante de la gente que se queda KO en la calle:
No les suelen robar. Se ha visto hombres con la cartera o el móvil en el suelo y nadie se lo lleva.
Muchos se quitan los zapatos. Se quedan tirados en medio de la calle, pero sin los zapatos.
Los vómitos, orinarse o defecarse en los pantalones, suelen incluirse en una borrachera.
Y una cuarta consideración: se quedan solos. Esta es una gran diferencia con otros países por los que he pasado. Casi siempre que se ve a alguien completamente borracho en otros países tiene amigos o compañeros alrededor esperando a que se la pase el mal momento para llevarlo a casa. La camaradería de los soldados de un pelotón, que decía un amigo mío.
Sin embargo, estos pobres hombres coreanos no tienen a nadie. Se emborrachan con los compañeros de oficina, muchos por compromiso u obligación, y después se quedan solos a merced de los elementos. Menos mal que, tal como decía, la gente es respetuosa y los hombres no sufren daños ni robos. Las chicas que no se emborrachen, ojo, o lo más probable es que se despierten en algún motel.
Esto también sucede en otros países, y que efectivamente, en todas partes se bebe alcohol en exceso, pero que en ningún otro país se observa a tanta gente «tirada» como en Corea. Ni siquiera en Irlanda, lo cual ya es decir mucho.
México no es la excepción, también tiene a sus borrachos ocasionales, los indigentes es la mejor muestra del panorama cotidiano de todo el país, “no hay borracho que no coma lumbre” –reza dicho popular- pero ahí se hallan tirados en las banquetas, en parques públicos, mostrando rostros hinchados y desvelados, sufriendo la resaca, o aun, todavía, “gozando” el infierno del alcohol.
Y no es tanta la ciencia saber qué es lo que ingieren para ponerse hasta´tras, sino que la problemática en México, por ejemplo, el gobierno tiene mucha culpa por mantenerse como un Estado fallido.
Carece de una política de salud pública, cuando debería de prohibir a las compañías vinícolas dejen de fabricar hasta bebidas que dañan la salud, como son las “cañitas” y los Tonaya, bebida que son más baratas en el mercado y que son altamente preferida por los indigentes, que tan solo 21 pesos (un dólar), la bebida espirituosa les ayuda abandonar momentáneamente la crueldad de este mundo.
Y como dice otro refrán: “Solo pedo y dormido, no se siente tanto lo jodido”.