Lengüetadas de fuego eclesiástico
BLAS A. BUENDÍA
Reportero Free Lance
filtrodedatospoliticos@gmail.com
Dentro de la clasificación del perfil siquiátrico y ante la antesala del Primer Informe del presidente Andrés Manuel López Obrador (1º. de diciembre 2019), las relaciones con las iglesias comenzaron a vivir su propio infiernillo.
Que si bien en el marco de una dramatización que si bien viviera el presidente Benito Juárez, expulsaría del país al político tabasqueño, por traición de la Patria.
Las benditas redes sociales a través de los diferentes portales de internet, hicieron especial atención sobre los argumentos históricos y políticos que desde hace dos siglos, se trazaron límites de acción entre el Estado y la Iglesia.
Y en donde los demonios andan más sueltos es en la Iglesia Católica, toda vez que en su muro del 18 de agosto del Semanario Desde la Fe -el órgano oficial de difusión de la jerarquía católica-, lanzó lengüetadas de fuego al publicar un editorial que tituló: “Gobierno sin Voluntad de Diálogo”.
El texto del semanario político reclama y alerta: “No podemos resignarnos como ciudadanos individuales y menos como sociedad civil organizada a tener un gobierno que maneja de manera unilateral y unipersonal los grandes problemas de este país”.
Para darle dedicatoria al presidente Andrés Manuel López Obrador, el texto sentencia: “Menos aún podemos acostumbrarnos a un monólogo donde los medios de comunicación se limitan a dar cuenta de largos discursos sin interlocutores, o donde la mayor participación ciudadana se da cuando se consulta a mano alzada, en medio de mítines a modo, asuntos que deberían analizarse con argumentos razonables y mecanismos verdaderamente democráticos.
Y remata: “Las decisiones equivocadas, en perjuicio de todos se acumulan una tras otra”.
Está claro que por el tono del editorial, la alta jerarquía católica mexicana comenzó a dar los primeros movimientos de confrontación abierta con el gobierno de la Cuarta Transformación.
Y el que quiere encontrar el origen de la celestial disputa, se asoma la entrevista que se publicó en la primera semana de septiembre del 2019, en el semanario Proceso, particularmente al pastor evangélico Arturo Farela, quien ha sido plenamente identificado y bautizado como el capellán de la Cuarta Transformación.
Arturo Farela Gutiérrez (1953) es un pastor cristiano mexicano destacado como presidente de la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Confraternice), un hiperactivo amotinador social. En tres ocasiones, la revista Líderes Mexicanos lo ha considerado como uno de los 300 líderes más influyentes en México.
Farela es amigo del presidente López, inició en 2019 a instalar los cimientos para que miles de sus fieles se afilien al llamado Ejército de la Cuarta Transformación.
Considerado el clérigo más cercano al inquilino de Palacio Nacional, el pastor Farela está asumiendo un papel crucial en las relaciones Estado-Iglesia- en el sexenio del político tabasqueño.
Definido asimismo como “un soldado” de la Cuarta Transformación”, el pastor Arturo Farela se está dando a la tarea para que los pastores evangélicos distribuyan la Cartilla Moral de López Obrador, en sus siete mil templos de todo México.
Pero el Proyecto Evangélico va más allá. El pastor Farela es el promotor central de dos controvertidas iniciativas que sin duda, darán de mucho qué hablar a lo largo de esta administración, es decir, sobre todo al interior del Congreso de la Unión, donde se promueve el establecimiento y límites de la separación Iglesia-Estado.
La primera es la promoción de una iniciativa para reformar el artículo 130 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, buscando permitir que los ministros de culto de cualquier religión, puedan acceder a cargos de elección popular. La segunda iniciativa es para que las iglesias puedan ser dueños masivos de comunicación, particularmente en las frecuencias herzianas’ de radio y televisión.
Sobra decir que ese acercamiento evangélico, exhibido en encuentros con el presidente Andrés Manuel López Obrador, en su despacho de Palacio Nacional, tiene inquietas a las jerarquías de otras religiones, comenzando por la católica, apostólica y romana.
De ahí el extrañamiento del editorial publicado en el semanario Desde la Fe, que es una gran llamada de atención de los jerarcas católicos que resellan cómo el presidente de todos los mexicanos, muestra gran predilección por sus “hijos evangélicos”.
Y mientras el presidente López Obrador parece no darle importancia a los mensajes de uno y de otro lado, los Pecados Capitales, desde “la vanidad”, “la ira” y “la soberbia”, se enfrentan en territorio celestial.
Por lo pronto, la Conferencia del Episcopado Mexicano, que reúne a 150 obispos, rechaza participar en los programas sociales y en la distribución de la Cartilla Moral, bajo el argumento de mantener el Estado Laico, a la distancia entre las iglesias y el Estado.
El sacerdote Mario Ángel Flores, rector de la Universidad Pontifica de México, dice que el actual servilismo de los funcionarios, a la larga, les puede afectar, pero haciendo oídos sordos a las críticas, los evangélicos ya están presentes en todos los programas sociales para jóvenes y adultos mayores, incluyendo la instalación de bancos de bienestar en cinco mil puntos alejados, donde colocarán módulos para repartir las tarjetas de ayuda económica.
Si bien los antagonistas del famoso Peje, mucho más sorprende la intención expresada en la Cámara de Diputados, según la cual, “la fuerza mayoritaria debe tomar el control absoluto”, con la falacia de que “los ciudadanos así lo decidieron en las urnas”, de tal forma que los grupos políticos minoritarios no deben ser tomados en cuenta para la conducción de dicha Cámara. Olvidan un principio fundamental de todo Congreso: es el espacio de la representatividad de mayorías y minorías para conservar el equilibrio social necesario en toda democracia.
Es evidente que con estas medidas se quiere convertir el lugar de mayor dinamismo democrático de un país en un espejo del totalitarismo empobrecedor que tanto daño hace en cualquier sociedad.
El Congreso se distingue sobre todo por la capacidad de argumentar, convencer y negociar las decisiones legislativas pensando en todos los ciudadanos con la riqueza de matices, opiniones y realidades de la Nación.
Dialogar no significa simplemente organizar reuniones, en este gobierno se han organizado muchas.
Dialogar es saber escuchar.
Hace falta escuchar a los campesinos que no han recibido los subsidios que les corresponden.
Hace falta escuchar a las madres trabajadoras que necesitan apoyos profesionales en el cuidado de sus hijos.
Hace falta escuchar a los médicos que hablan del desbasto de medicamentos y la falta de mantenimiento de equipos especializados.
Hace falta escuchar a los expertos que analizan la viabilidad de proyectos y el verdadero cuidado ambiental.
Hace falta escuchar a la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y demás organismos autónomos.
Hace falta escuchar a las calificadoras internacionales sobre la trayectoria económica del país.
Hace falta escuchar a los verdaderos implicados para orientar la educación de niños y jóvenes.
Hace falta escuchar a los inversionistas para generar confianza.
Hace falta escuchar a las víctimas de las extorsiones y la violencia del crimen organizado.
No basta el voluntarismo de una persona, un país como México requiere de mayor responsabilidad y de un verdadero diálogo social.
Estamos a tiempo… por el bien de todos, aprendamos a dialogar, gobierno y sociedad.
Ante toda esta encrucijada, ¡que Dios nos agarre a todos confesados!
México estaba mejor, sin López Obrador.