Columnas

El culto a la personita. Otro remedo fallido.

Por: Manuel Solares Mendiola

El culto a la personalidad, de manufactura estalinista, es una de las herencias nefastas de la Guerra Fría, aunque aquí en el rancho grande, convertido en culto a la personita sea ridículo y, desafortunadamente, contraproducente. Tiene sus reglas y su espacio, no puede aplicarse sin objetivo real.

Los «grandes» sí lo han ejercido: ‎desde Franco, Idi Amin, Jomeini, Leonidas Trujillo y demás especímenes que han declarado un caudillaje que rebasa la figura humana y se han instituido como representantes de Dios en la Tierra. Es la adoración excesiva a las «sagradas figuras» de líderes carismáticos en la sociedad y en la política de todas las dictaduras.

Por lo general se convierte en el mayor lastre para la lucha de las masas, debilita en cada individuo el sentido de responsabilidad por la causa común, socava los principios democráticos y abate la construcción del Estado y del Partido, cualquiera que sea la forma en que éste se presente. Convierte a los pueblos en países de un sólo hombre.

A diferencia de la propaganda,cuyo objetivo es propalar la ideología del régimen, el propósito del culto a la personalidad es reforzar la posición política del líder. El mensaje oculto detrás del culto es «en este régimen la única persona que importa soy yo».

En países como el nuestro, donde el poder ejecutivo lo ejerce un presidente, el Jefe de Estado no puede convertirse en un autocrata, si las instituciones no ejercen el contrapeso necesario que balancee al ordenamiento jurídico, pero cuando se fractura el equilibrio, aparecer el gobierno personalista.

Ciega inclinación ante la autoridad de algún personaje, por lo general menor, ponderación excesiva de sus méritos reales, conversión del nombre en un fetiche. La base teórica del culto radica en la concepción equivocada de la historia, según la cual el curso de esta última no es determinado por la acción de las masas.

El mandatario se otorga a sí mismo títulos y honores como Excelentísimo, Generalísimo, Benefactor de la Nación, Restaurador de la Independencia o El Supremo, poseedor de poderes sobrehumanos. Idi Amin se hizo llamar «señor de todas las bestias de la Tierra, de los peces del mar y Conquistador de todos los imperios».

Es indispensable la presencia de un enemigo común que justifica el rol histórico del líder, interno o externo, trabajando coordinadamente contra el régimen y la integridad física del líder. Provoca la recepción sin crítica de las expresiones en la opinión pública de la persona que debe ser admirada. Quien cuestiona al líder es tildado de traidor.

El yo colectivo, jaqueado por un sentimiento de impotencia, regresa a una etapa infantil y busca ansiosamente ayuda, apoyo y salvación. El grupo mayoritario confía en ese individuo y lo apoya. El culto a la personita es fallido cuando estas condiciones no se dan, aunque se busquen afanosa y peligrosamente.

Según las últimas encuestas serias levantadas entre los grupos morenistas que trabajaron durante la última campaña presidencial en México, existe un  setenta por ciento de seguidores fanáticos ‎que ya desfondaron el barco. Sólo un treinta continúa aferrado al Titular y deposita en él una confianza ciega. Y con ese caldo, no puede haber albóndigas. Es muy chiquito.

La deserción al movimiento, la adopción de posturas conscientes sobre sus alcances no ha sido fruto de la cancelación anticipada del Megaaeropuerto de Texcoco, tiene razones más profundas, entre ellas, el incumplimiento absoluto de promesas, el recule ante lo que comprometió en materia de justicia y la frustración evidente a los programas que lo habían llevado al Trending Topic.

El culto a la personita se ha convertido en una droga dulce para ignorantes. Y nosotros no somos un pueblo ignorante. El sentido del voto no era para ser nuevamente engañados, sino para cumplir, en el tono exacto de la expresión, acabar con las bases del régimen de rateros y la pandilla de los neoliberales en el poder. Era muy sencillo: sólo bastaba aplicar la ley.

Pero no fué así. El Titular trae un cheque en blanco, sin destinatario, sin mensaje, sin rumbo y sin obligaciones asumidas ni cumplidas. El tiempo se acabó. No era por ahí. Y las palomas volaron. Andan buscando refugio en algún lugar que tenga seriedad y compromiso.

Peligran para Morena, enfrascado en una lucha interna con dados cargados hacia nuevos truhanes, cuestiones esenciales: no podrá ganar las elecciones intermedias del 2021, obviamente no podrá brincar la vara del plebiscito sobre la revocación del mandato. No podrá seguir pensando obsesivamente en la reelección ni en el triunfo de algún candidato presidencial salido de ese coleto.

Para quienes piensen que éste es un castigo involuntario, recordemos la retórica usada contra los delincuentes de los carteles de la droga: portense bien, su mamacita espera, sean respetuosos, y el viral «fuchi, guacala», que testimonia un lenguaje color fiusha ante una realidad criminal y devastadora. Un Jefe de Estado no puede ni debe ser así en público.

A pregunta expresa de Carmen Aristegui sobre la lucha y el encarcelamiento de los grandes delincuentes que ofendieron el interés público de la Nación, el Titular contestó con todas sus letras: «sería conspirar contra la estabilidad del país». Posiblemente estas serán las palabras que lo acompañen por todos los días que le faltan.

Es inaudito lo que ha pasado con el personaje que libró el desafuero y construyó los segundos pisos de la capital. Es otro. Acojonado y reducido a su mínima expresión. Cercado por su deserción a la causa, por la renuncia al pueblo, por la claudicación anticipada de lo que debe hacerse,sin remilgos y sin justificación posible ante la historia.

Es una verdadera pena ajena. Podrá argumentar todo, menos que no tiene la fuerza del Estado para hacerlo. A menos que se hayan impuesto en Palacio Nacional los consejos de los incapaces o los rudos términos de los ambiciosos. El Titular sigue con sus retintines, que a diario pierden miles de fanáticos.

Jugando a las cebolitas, iniciando procesos mediáticos sobre fraudes financieros, congelamiento y descongelamiento de cuentas,delitos que alcanzan fianzas baratas y rápidas, acusaciones infantiles, lenguajes irresponsables, empoderamiento de ridiculeces en un ánimo público que lo que desea es simplemente justicia, trabajo, salud, circulante económico, obras, desarrollo y seriedad.

El terrorismo fiscal y la cacería de brujas que se viene, el miedo a Carlos Romero Deschamps y la pandilla de rateros del petróleo, el reconocimiento brutal a la hegemonía caciquil de Carlos Slim-Salinas, otorgándoles el poder supremo de este país, la abdicación de la Presidencia recibida de prestado, es lo que ha acabado con todas las esperanzas de Morena yde su caudillo.

Podrán meterle un billón de pesos a Pemex para seguir buscando un combustible que sólo existe en el papel. Mientras no se vaya al fondo de la corrupción en el Sindicato no podrá lograrse más que engaño y frustración popular. Vamos con toda seguridad rumbo al fracaso demagogico.

Y así, obviamente, ningún culto a la personita puede triunfar. La evidencia de los hechos, la condición trágica de la recesión y de la miseria indican otro país, con datos duros sobre la ignorancia, la incapacidad y la mentira del llamado nuevo régimen, el de la honestidad valiente.

¿No cree usted?

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