Columnas

Por todos lados suena a réquiem y a tragedia.

Por: Manuel Solares Mendiola

Cuando los electores mexicanos se enteraron que había un candidato que había recorrido casi cien veces cada rincón del país, sus municipios más pequeños, sus carreteras y brechas,sus apartados rincones, degustado sus exquisitas cocinas, saludado de mano a millones de compatriotas, enterandose de sus problemas, renació la esperanza.

En los mítines, atinaba con sus admoniciones sobre todos los vicios y desviaciones de los gobiernos anteriores, había sido víctima de los trastupijes electorales que le negaron siempre su acceso al mando nacional, fustigaba con frases estentoreas‎ los problemas, señalaba a los culpables, parecía que iba al fondo de sus necesidades.

Muchos de las consignas de sus campañas y de sus ofrecimientos convencían al alma nacional que se trataba de un auténtico estadista,su preocupación real sobre los obstáculos que habían frenado el crecimiento y el desarrollo se encontraba contenida en los discursos, ‎donde templaba y mandaba como ningún otro, como quien conoce de raíz las causas y las soluciones.

Eran frases incendiarias, salpicadas de reivindicaciones surgidas de los tropiezos de la historia nacional, desde la Independencia hasta nuestros días. La razón alumbraba los responsos civiles que alimentaban la desesperación, la rabia y la revancha de los planteamientos y de las promesas consecuentes. Parecía que ahora sí, íbamos al fondo.

Era un trashumante de la democracia, un heraldo del nuevo país, probablemente la piedra filosofal que anunciaba las redenciones, pesele a quién fuera. Un errante de la justicia, un sediento de la paz, la convivencia y los nuevos tiempos. La gente se entusiasmó, pues no había conocido otro igual, tan preocupado por el renacimiento de México con un fervorin político adecuado.

Encarnaba las frustraciones, era el depositario de los enormes desequilibrios que habían hecho pedazos al territorio, a la soberanía y  la inscripción de México en un nuevo escenario, alejado de la dependencia y de la desubicacion, causada por políticos ajenos y divorciados de las grandes masas.

La dignidad nacional sudaba por sus poros. Llegó directo en el momento apropiado, cuando ya no había para dónde hacerse. Era el indicado, una especie de elegido dotado de inspiración cívica, de grandes conocimientos sobre el pasado, el presente y el futuro. Por ahí era, pensamos todos, no puede ser de otra manera.

Nunca nos imaginamos que todo lo anterior era parte de la famosa y nunca bien comprendida «visión del viajero». Esos recorridos palmo a palmo habían sido simples puebleadas. Nunca reflejaron en el programa de gobierno, ausente desde todos puntos de vista del panorama que padecemos, alguna solución viable.

Nunca se tradujeron en una idea estructurada sobre las soluciones al desarrollo regional desequilibrado, a las causas reales de la pobreza y de la marginación. No formaron parte de una radiografía real del esqueleto, de las cadenas de sometimiento que atan el atraso al ser de carne y hueso. Siempre se trataban de anécdotas de viaje.

Que si la pancita de tal lugar, la machaca con huevo, la sazón del caldillo, las chicatanas, los frijoles a la tumbada, los tamales o los chilaquiles de doña Isabel o de cualquier comal a bordo de carretera, los jugos de caña, los trapiches, las aguas frescas para la sed de los jodidos.

Jamás el encadenamiento de los procesos productivos, las fallas estructurales de las regiones,y las interrelaciones entre ellos,  las soluciones inmediatas al atraso, las necesidades reales, la jerarquía necesaria del desarrollo en su conjunto, la urgencia de un modelo de crecimiento que privilegiara el fomento y el apoyo a las actividades agropecuarias,….

…. de cuya producción estamos dependiendo todos, no sólo los políticos y de cuyo pasmo y abandono en los dislates gubernamentales estamos a punto de la escasez y del tobogán inacabable del nuevo proceso de importación de granos y alimentos básicos para los próximos años del sexenio de la esperanza, el de la honestidad valiente.

La Cuarta Transformación o lo que ésto sea,  suena a tragedia nacional.‎ Jamás nos imaginamos que iba a ser tan pronto. Empezó porque el afán de venganza fué más fuerte que todas las dolencias. La resequedad económica, igual que la provocada por Videgaray, hizo su aparición. Dejó a la población en los huesitos.

Si Videgaray causó la sequedad hace seis años por sustraer dos billones presupuestales del circulante, apostando a que la llegada de las inversiones petroleras de las reformas estructurales iban a ser estorbadas por los dineros nacionales, la realidad se descubrió en los paraísos fiscales que escogió para guardar las maletas en espera de su campaña presidencial.

La resequedad económica de hoy es sin duda más grave. El haber arremetido contra las construcciones programadas por los neoliberales, dejó la economía sin circulante. Todas las construcciones, no sólo la del Megaaeropuerto de Texcoco. No hay albañiles en las calles, ni dinero en los bolsillos de nadie que no sea un potentado o un favorecido del régimen.

No hay empleo, no hay alimentos, no hay poder adquisitivo para comprar lo indispensable, no hay medicinas, no hay seguridad, no hay salida.‎ Y tal parece que la sequedad llegó para quedarse. Quisiera equivocarme, pero los datos duros lo comprueban.

Cuando un país se mete al torbellino de la importación de alimentos, no hay santo que lo pare. Pierde la dirección, los frenos y el destino.‎ Vamos en un tobogán de infantiles. Sin brújula ni timón.

Los planteamientos del presupuesto, que están dirigidos a los dos años, al primer tercio de la corrida, reflejan la falta de idea sobre una administración, sobre un régimen, sobre un gobierno y sobre el Estado en su conjunto. Es muy importante ver sus claras manifestaciones que sólo no vee el que no quiera verlas. La tragedia avanza.

A un sistema que le falta orientación, quiere suplirlas con una feria de ocurrencias, ñoños procesos punitivos fallidos,  culpas al pasado reciente, programas insulsos improductivos y onerosos que jalan la cobija para todos lados, y que no alcanza ni siquiera para soportar un régimen que sólo piensa en ganar las próximas elecciones, pero no en las generaciones.

Lo malo es que, siendo Morena un adalid de los movimientos contestatarios de las últimas décadas de lucha por las libertades civiles y democráticas del país, está manchando todas las reivindicaciones que nos propusimos desde hace más de cincuenta años. México cayó en manos de irresponsables, aventureros y sedientos de dinero y de poder.

Hasta ahora ha triunfado la visión del viajero sobre el análisis serio de las causas estructurales de la pobreza. El posicionamiento de Carlos Slim y sus socios neoliberales en el manejo de la economía, de sus indicadores, de sus mediciones y de su propaganda nacional e internacional, es la prueba palpable de lo que vivimos.

¡Adiós Nicanor! El pueblo de Escuintla, Chiapas, acaba de incendiar el palacio municipal morenista por incumplimiento de las promesas de campaña y la corrupción concomitante. Grave aviso.¡ Por ahí no es!‎, no nos cansaremos de decirlo.

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