Columnas

«Ella, a propósito de todo»

De mis conocidos, aunque de algunos recuerdo no haber cruzado palabra o peor aún mirada alguna, comenzaron a lo lejos a insinuarse, o pensar que eran ellos; o sus sombras, y se fueron haciendo invisibles poco a poco.

Conforme pasaron los años ya no eran tan lejanos; ahora sus fascies se reconocían quizá ya no tan prontamente. Desde ayer conozco muy bien quién ha muerto y de qué.

Hoy un amigo falleció, nos vimos varias veces sin hablarnos. Fantasmas del ayer nos lo impedían, probablemente azuzados por terceras personas ligadas a nosotros o a nuestros comportamientos ya no recientes.

Hay una inversión directamente proporcional entre la vejez y la cercanía a la muerte a quién casi la siento o me atizba o me acosa o me roza o me disimula o la ignoro; se que está ahí, aquí, allá delante mío otras de mí.

Sé también por que no me posee o creo; porque tu también tienes quién te limite o te acose o te roze disimule o te ignore; sabes que esta ahí, aquí, allá, delante tuyo o tras de ti. También sabes que no puedes poseerme, si lo sabes, lo sabes muy bien y sólo será cuando Él te lo permita, que no tu decisión.

¡Ja ja ja…me das risa ! ¡No te enojes si crees que fui temerario al buscarte sin encontrarte y si bien deseé conocerte es que estaba ebrio que no loco!

Soy igualado contigo…sólo consigo serlo cuando tomo.

En realidad no sé, pero te presiento lejos, muy lejos.

JHL

Mayo, 20.

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