Soccer Football - Spanish Super Cup Final - Real Madrid v Atletico Madrid - King Abdullah Sports City, Jeddah, Saudi Arabia - January 12, 2020 Real Madrid's Luka Modric lifts the trophy as he celebrates winning the Super Cup with Casemiro, Toni Kroos and Federico Valverde REUTERS/Waleed Ali
Los tacones del Madrid
El confinamiento en la Ciudad de México, donde vivo, se ha vuelto un poco menos tedioso gracias a la vuelta de la Liga Española y, particularmente, del Real Madrid. Ahora el estar sentado en el sillón tiene un poco de sentido y, los gritos de hooligan ya están justificados plenamente.
Ha sido conmovedor el primer partido, con ese silencio tan raro y el sonido, de vez en cuando, del Fifa. No tengo está claro si ha gustado el cierre del Bernabéu, dado que un estadio como ese, al estar vacío, pierde sentido, aunque seguramente debe ser verdad lo de que impone lo suyo esté como esté.
Pero la vuelta del Madrid ha traído dos grandes alegrías. Por una parte, la sonrisa de Asensio, asendios como le dice un comentarista de estas tierras, después de una lesión tan fea y un largo periodo de exclusión. Ojalá su vuelta vuelva locos a los defensas del City y les clave un golito (y si puede dos, pues mejor) como esos que solía meter cuando recién se estrenaba con el Madrid. Deseo fervientemente que Pep no lo tenga en mente y se lleve la sorpresa de su vida cuando la clave en la escuadra. Y ni que decir de Benzema, Benze, como le llama Rihanna.
En una hipotética eliminación, se podría disculpar a Pep olvidarse de Marco, pero no se diría lo mismo si lo hiciese con Benze: ahora mismo es el jugador más en forma de Europa. Y decir esto es una cosa rara, ya que cierto entrenador alguna vez lo definió no como un perro de ataque, sino como un lindo gatito. Los defensas del Espanyol no estarán de acuerdo con la que les ha liado gracias al tacón que les metió (con caño incluido).
El tacón, ese leve toque con el talón de Aquiles, es un pase complicado y simple a la vez. En terminos generales, es un pase hacia atrás cuando se corre hacia delante, muy parecido a ciertas jugadas del rugby. En el Madrid, la lista de jugadores que han podido realizarlo es corta, pero de relumbrón. Aquí no importa si es una larga, sino más que el nombre tenga eso que los antiguos llamaban el fario.
Además, parece que el tacón aparece siempre en momentos importantes, destinados a convertirse en fotografías, donde lo que menos importa es lo que ha ocurrido en el partido, si ha sido bueno o malo. Es tal la fortaleza de la imagen de un tacón, que termina fagocitando el partido en el que se dio.
Habría que empezar por dios, por el que hizo a este club lo que es hoy y sobre el que se cimentó su leyenda. Curiosamente, es el único de los que aparecen aquí que no he podido ver, pero grabo en mi memoria el momento exacto en que, con cinco años, mi abuelo me lo contó. Fue en una final de Copa de Europa, y Di Stefano estaba de espaldas a la portería, recibió el balón y, sin ver, lo dejo pasar, para empujarlo suavemente con el talón … El pase lo recibió el Cañoncito y le pegó tan duro que casi mata al arquero.
De hacerle caso al abuelo, la red no se rompió porque era de las de antes y ya estaba acostumbrada a los rifirrafes de la Guerra Fría. Así que el primer tacón es eso, un pase de Di Stefano a Puskas en el partido de la Quinta Copa de Europa, donde ambos se despaturraron a goles. Con esa jugada es imposible no entender que, en el Reino Unido, donde se inventó este tinglado, esos dos todavía cosechan admiración a raudales.
Mucho tiempo después, ya en color, como les gusta decir a los del Barça, llegó el primero que me ha tocado ver. Y quizá por eso, para mi, es el más emocional. También, qué curioso, se dio en las Islas, pero ya en Inglaterra, más al sur que el de antes, que fue en Glasgow. El Madrid no llegó a esa eliminatoria de Copa de Europa como favorito. Es más, hacia poco que se había cambiado al entrenador, dado que el que había antes, un gales, se había puesto terco diciendo que era más fácil ver volar a un cerdo a que él rectificase. En su lugar, como remedio, pusieron a uno que terminaría siendo Marqués, lo nunca visto.
El equipo era un polvorín y habían empatado con el Manchester United, vigente campeón, en el Bernabéu. El partido iba bien para el Madrid (arriba ya 2-0), pero lo mató esa jugada, un autopase de Fernando Carlos Redondo, capitán para más inri. Según se ve, Redondo estaba acorralado por Henning Berg en la banda derecha. Ahí mero, como si fuera lo más normal del mundo y Olf Trafford, el potrero de Argentinos Juniors, Redondo tiró la pelota por el costado del noruego y la fue a buscar por el otro, dejando a Berg en el camino.
Cuando parecía que la pelota se iba por la raya de fondo, el argentino, levantó la cabeza, evadió con el pase a Stam y asistió a Raúl que marcó a puerta vacía. A Fernando Carlos, caray, todavía lo andan buscando en Manchester (… y de paso, como es del Madrid, también le preguntarán por Roni, el Gordito, que la liaría también ahí un par de años después). Lo que se puede decir de ese tacón es que tuvo la ventaja de matar a la Clase del 92, que venía de ganarlo todo … sepa cuántos partidos tenían sin perder en Old Trafford. Una sola jugada arregló un equipo roto y lo lanzó a la conquista de la Octava copa de Europa.
Después, la mirada se detiene en el tipo que ha definido el tacón en el Madrid. José María Gutiérrez, Guti … la eterna promesa, según el apaña urnas de Ramón Calderón. A diferencia de los dos mencionados antes, estos dos próximos se dieron en la Liga. El primero es el más plástico, en 2006, contra el Sevilla, en una jugada alocada que empieza con un cambio de juego de Zidane a Beckham, este cede para Cicihno, que centra al área, hay un rechace que sale hacia la mitad del ruedo, ya fuera del área y Guti va a por él, conforme corre, golpea el balón con la espuela para dejar en el área solo a Zidane, quien la revienta a la escuadra.
Podríamos definir bellamente este taconazo: pin pan pin pan tacos vienen, tacos van. Fue la última temporada del gran Zidane con el Madrid y su última en activo. Era el equipo de los galácticos, aunque ahí jugaba un tal Gravesen. El Sevilla era campeón de la copa de la UEFA y tenía un equipo compacto, correoso y bastante protagonista. El tacón a Zidane es la máxima de la nostalgia, el maldito arbitro que pitó el final para Zizu colgase las botas. Guti, por contra, era el máximo rebelde, al que siempre le traían a una estrella para jugar en su puesto y se le condenaba a la banca. Pero acababa en el campo, siempre dando un pase mágico sacado de la chistera.
En Riazor, llevó el tacón al máximo, con ese pase a Benzema. Es algo revolucionario no chutar a gol cuando se tiene tan a la mano, preferir el pase al compañero, como algo digno de irse a Bangkok en una moto. Lo titularon el tacón de dios, como recordando así el ciclo empezado por Di Stefano. Si lo vemos así, es un mal título. Una picadita con dios, sería más apropiado para cerrarlo.
Hay poco que decir del tacón de Benze, tan reciente. Debe complementarse con lo que se ha dicho ya de él: es el jugador más en forma de Europa. Su tacón quizá no sea tan espectacular como el de Redondo ni tan revolucionario como el de Guti en Riazor ni tan plástico como el de Guti a Zidane, pero tiene su chiste porque Casemiro no venía exactamente atrás.
Es un tacón en perpendicular. Por decir algo, es un homenaje al tacón de Riazor, donde el 14 hizo goleador al 9. Pero sobre todas las cosas parece que el tacón viene precedido de un estado de ánimo y es lo que lo diferencia del resto. En ese sentido, el tacón de Benezma está a la altura del de Redondo. No sólo se le ve bien a él, sino a todo el equipo, como si estos últimos meses les hubiesen abierto los ojos a lo fácil que puede perderse todo, incluido el fútbol.
La vuelta no se ve tanto desde la rabia, como si le pasa al Atlético -ese sentimiento de que el parón les llegó en su mejor momento y quien este enfrente lo tiene que pagar- sino desde el agradecimiento, como si nos quisiesen decir que hay todavía una oportunidad más para jugar, para disfrutar. Y para eso, parece, Benze se pinta solo.
Ahora bien, es difícil escoger entre los tacones del Madrid. Pero el hincha se dará cuenta que no tiene que hacerlo: puede elegir todos, porque precisamente por eso es hincha del Real Madrid. Todos le han dado gloria al equipo. Y eso nunca puede ser malo. En más de un sentido, estos tacones aquí reseñados refuerzan la grandeza a través de una estética sublime: la de un juego coral, donde se despoja el egoísmo para la gloria del Madrid. Una imagen, sí … pero qué imagen.