Sáb. Abr 4th, 2026

El drama silencioso de los hombres que son forzados a casarse

Solemos pensar que el hombre es el perpetrador y que en un matrimonio forzado es la figura dominante, el malo. Pero no siempre es así. Investigaciones indican que 15% de los casos involucra a víctimas masculinas.

En Alemania, Australia, Canadá y Reino Unido también se han reportado decenas de casos en los que ciudadanos, nacidos y criados en esos países, han sido las víctimas.

En 2016, las autoridades británicas ayudaron en 1.428 casos de posibles matrimonios forzados, de los cuales 283 eran víctimas masculinas: 20% de los casos.

Diversas organizaciones sociales, hacen campañas para crear conciencia sobre el hecho de que los hombres también son víctimas de matrimonio forzado y de la violencia basada en el honor y que necesitan el mismo apoyo que las mujeres.

Muchos hombres tienen miedo. Podrían estar recibiendo amenazas de muerte o de violencia por parte de sus familias.

Entre estas circunstancias está el tener una relación que no aprueba la familia, ya sea porque la pareja no tiene la misma religión, pertenece a otra casta o no comparte las mismas tradiciones.

Otro factor es ser percibido como un joven que se está “occidentalizando” por la forma en que se comporta o se viste; es algo que algunas familias creen que hay que corregir por medio de un matrimonio.

Los matrimonios forzados también pueden derivar de casos en que la sexualidad de la víctima es cuestionada por la familia. Y muchas veces basta con una sospecha.

Una persona que se identifique como LGBTQ (lesbiana, gay, bisexual, transgénero o queer) puede ser vista por algunas familias como un individuo que necesita ser “arreglado” a través del matrimonio. Hay muchos hombres que no le pueden decir a sus padres su orientación sexual porque eso traería ‘deshonor’ a la familia.

Algunos gays son forzados a contraer matrimonio. Otros se casan por conveniencia: un gay se casa con una lesbiana para complacer a sus familias (sin que ellas sepan necesariamente sus orientaciones sexuales) y así poder llevar sus propias vidas.

Para algunas personas, esa es una forma “sutil” de obligar a alguien a casarse.

Al contrario de lo que algunos creen, los enlaces forzados no son aprobados por ninguna de las principales religiones del mundo.

Cuando a los activistas de derechos humanos se les pregunta si se trata de una práctica cultural, responden con contundencia: no es cultura, es abuso.

Pese a ello, tomar la decisión de buscar ayuda no siempre es fácil para un hombre. Algunas veces, les cuesta establecer contacto porque sienten que deben enfrentar la situación solos y porque en muchos casos les da vergüenza abordar el tema.

A eso se suma un sentimiento de culpa, el mismo que invade a muchas mujeres víctimas, pues en varios casos los perpetradores son los propios padres.

En Reino Unido, por ejemplo, obligar a una persona a casarse es un delito que puede llevar a una sentencia de hasta 7 años de prisión.

Y desobedecer una orden de protección contra un matrimonio forzado emitida por las autoridades británicas, puede terminar en una sentencia de hasta 5 años de cárcel.

Crear conciencia entre niños y jóvenes es clave, pues son los más vulnerables. Y si bien es cierto que el problema es prevalente en mujeres en áreas rurales de Asia, de África y del Medio Oriente, la Fundación AHA también ha visto casos de hombres y mujeres que pertenecen a familias estadounidenses de fe cristiana fundamentalista.

Cuando la gente piensa en matrimonios forzados no incluye, en la imagen mental que se forma, a un hombre obligado a casarse. Y menos a un niño o al menos no en la mayoría de los casos. Pero también es una realidad.

De acuerdo con un reporte publicado por Unicef en 2014, más de 700 millones de mujeres y 156 millones de hombres se casaron antes de cumplir los 18 años.

Y aunque, de acuerdo con expertos, las consecuencias del matrimonio infantil en las mujeres son más devastadoras, es importante atender a los niños que sufren el mismo drama y a las víctimas masculinas adultas.

Gran parte de los sistemas sociales están orientados a ayudar a las mujeres que han sido víctimas. Hay muchos refugios para mujeres que necesitan salir de sus casas por violencia doméstica, pero hay muy pocos lugares a los que los hombres pueden acudir.

En muchos casos de matrimonio forzado, las víctimas, independientemente de su género, sufren en absoluto silencio.

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