Jue. Dic 3rd, 2020

Año de pandemia

Ha unos días, merced a una disertación sobre el tan llevado y traído uso de la tecnología en/para/por la docencia en sus distintos niveles, llegó tal actividad a plantear que algunos de nosotros podemos estar en evidente resistencia a su uso, esto debido al grupo de edad al cual pertenecemos. Un buen número de nosotros en ese grupo, somos Baby Boomers, es decir nacimos entre 1946 y 1964.

Mucho me temo que hemos (muchos de nosotros), crecido con la idea de que el entorno familiar, escolar (de básico hasta el bachillerato), social, de formación y ejercicio profesional, el ámbito lúdico y un largo etcétera, eran inmutables y que así sería por secula seculorum.

Está bien que muchos de nosotros crecimos al amparo de la Emulsión de Scott, el Break-a-Cold, el Vick´s Vapo-Rub, el Bálsamo de la Sagrada Familia, y el colirio Eye-Mo, recursos de profilaxis y control sanitario casero de otras épocas. De igual forma, parece que omitimos pensar o reflexionar (a fuerza de verlos como parte del entorno), en los cambios que se sucedían en la media de la cual somos de un modo u otro, adictos o por lo menos usuarios cautivos.

A saber: la TV, dejó los «bulbos» (tubos de vacío), se hizo de estado sólido o solid state (no porque anticipara a Zygmunt Bauman), sino porque comenzaron a armarse por módulos de transistores primero y luego de circuitos integrados, además fue del blanco y negro al color de González Camarena, de igual forma sucedió con la voluminosa «consola», con su respectivos sintonizador de AM/FM y su tornamesa Garrard; se adquirió un modular, luego un multi-componente; los aparatos telefónicos pasaron de la bakelita al plástico moldeado, del disco a las teclas, las largas y pesadas sesiones de recalentado de alimentos se vieron abreviadas por los hornos de microondas. Y así por el estilo…

Para mi generación los avances de la tecnología estuvieron siempre ahí, con la ciencia ficción: Julio Verne, H.G. Wells, Ray Bradbury, Isaac Asimov y hasta Armando Ayala Anguiano, quien escribió «El Día que perdió el PRI», los radio-comunicadores pasaron de ser los que veíamos en películas de guerra (El Día Más Largo), o en programas de TV, como Combate!; Los Comandos del desierto, a los radios de menor tamaño o en aditamentos, como en 007, Los Vengadores, Thunderbirds, Capitán Marte, Viaje al Fondo del Mar, Perdidos en el Espacio y hasta Batman y Robin. La tecnología siempre ha estado a nuestro alrededor, si no a nuestro alcance, por lo menos sí, a la vista.

Sin embargo, aprendimos a omitir su presencia y su uso, o por lo menos a reducir su uso en la medida de lo posible, y entonces los trámites comenzaron a ser en línea o con requisitos que nos obligaban a usar recursos tecnológicos, ya no era cuestión sólo de hacerlo en la vieja Olivetti o Remington o la que hubiera en casa, había necesidad de ir al escritorio público y hasta al cyber-café. Por supuesto que también existen contradicciones operativas, sobre todo en el sector público, por ejemplo: puedes solicitar consulta en línea e ir a sentarte horas en espera de ella, los expedientes judiciales siguen siendo impresos y cosidos a mano, la demanda o querella inicial se puede hacer en línea, pero la ratificación es presencial y se firma.

Hemos sido como muchas otras generaciones, reacios al cambio que nos implica el mundo contemporáneo tan cambiante respecto del que conocimos mientras pasamos de niños a adultos y así sucesivamente. Claro que al amparo de los tiempos, veremos, como en la Secretaría de Economía, que ahora los empleados son invitados usar sus equipos personales de cómputo, o a adquirir el que usan en la SE de acuerdo a una nota aparecida en expansión (https://politica.expansion.mx/mexico/2020/07/04/por-austeridad-retiraran-3-de-cada-4-computadoras-a-trabajadores-de-economia).

Que cada época y civilización se perfile a través de su propia tecnología afecta a los grupos que no se han desarrollado y desenvuelto de manera igual; y nuestro país sigue siendo vivo ejemplo de una cultura de carencia; donde el grito de: «aguas» si bien ya no presagia el viaje de los orines saliendo por una ventana a un desagüe a cielo abierto, sigue ahí para vincularnos a su origen y ser precavidos; donde el «cacharpas» de los colectivos actuales sustituyó al antiguo cobrador de los autobuses urbanos y foráneos, la reticencia al uso de la tecnología garantiza la conservación de varios millones de empleos formales o no, o por lo menos su falta de sofisticación/actualización y vigencia en el mundo en el que vivimos.

Somos tan reticentes al cambio que cuando alguna marca de bebidas alcohólicas promovió una marca que por su origen químico ofrecía al usuario una «cruda» mínima, la marca no pegó y no lo hizo porque en este maravilloso país tenemos más formas de «curarla» que de tenerla.

Deberemos usar esa característica que diferencia al ser humano haciéndolo ya para bien o para mal; dueño de la creación y usuario de la evolución: la inteligencia, hecha capacidad de adaptación.

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