Ilusiones que son desilusiones o el despertar de la ficción
Los reportes que hace el doctor Hugo López Gatell cada día por la noche, llenan a algunos de esperanza, a otros de incredulidad y a los más de tedio. Más allá de si oculta información por torpeza científica o conveniencia política, existe algo que llama la atención en algunos reporteros y la gente que somos de a pie. Y esto se refiere a dos preguntas básicas ¿Se está controlando la pandemia? ¿Cuándo se va a acabar esto?
La primera muestra una palabra muy utilizada en el imaginario de la gente y se llama «control», es decir, se presupone que en algún momento algo o alguien va a detener cierta situación, en este caso el COVID-19, lo cual implica dos cosas: 1. Existe (aunque no se sabe cómo en dónde), una situación, fenómeno o acontecimiento que podrá detener el avance, la mortandad y las consecuencias no previstas por este bicho y 2. Esto supone que una vez apaciguado, se prosigue con la vida.
La segunda indica «acabar», la cual dentro del psicoanálisis del mexicano, no es algo visto y menos con relación a la filiación a problemas familiares y/o de trabajo, pues ahí nada concluye, sino que se recicla. No obstante a pesar de esa inconsciencia, se espera, se está de cierto que llegue un final, lo cual además de producir alivio, genera votos para un nuevo y mejor comienzo. Por supuesto nada de esto es ajeno a la idiosincrasia nacional, la cual considera como válidas explicaciones basadas en fuerzas extraordinarias que lo curarán todo, sin que hagamos algo, es decir, basta esperar.
Una de esas explicaciones es las de la ciencia como garante de la resolución de problemas y del orden, sin embargo, hasta este momento caemos en cuenta que ese relato sobre el conocimiento científico, no es más que una ilusión ficcional, es decir, no es sólo un invento del hombre blanco y la razón, como diría Yuval Noah Harari, para mantener a raya otras visiones y hacer creer ilusoriamente la existencia de una salvación definitiva en la tierra.
En realidad, no es que exista necesariamente un engaño en las cifras y/o en los tiempos y/o en la capacidad instalada de los hospitales, lo que ocurre es que el verdadero emperador que reina en el universo: se llama CAOS y que cuando México y el mundo piden certidumbre, ésta no se da porque todo cambia y se difumina de forma continua. De ahí la necesidad de que las soluciones sean de muy corto plazo, lo cual señala algo que no se sabía o se ocultaba; la especie humana vive en una desnudez total y tiene que aprender a reconocerlo y a saber cómo actuar de forma rápida en cada momento.
Por supuesto, esto no exime a los poderes públicos de México y de otras partes a reconocer su responsabilidad y su propio caos (o su orden ciertamente desordenado), pero también nos debe enseñar y quedar claro dos cosas: 1. Usar el caos sin entender que es para perpetuar un poder caduco y 2. Que la población no sepa sobre la volatilidad de la vida, lo cual representa no sólo vivir sin democracia, sino también ocultarse y ocultar a los demás una realidad que debemos asumir para evitar sectarismo y que se llama galaxia complejidad.