Lun. Abr 6th, 2026

Con un ambiente de oración intensa, espíritu de penitencia y una profunda entrega al servicio de María Santísima, el Ejército Mariano División 19 de Septiembre celebró este 20 de noviembre su primera reunión de organización del Apostolado “Las 50 Vírgenes por México”, una misión espiritual destinada a llevar 50 imágenes de Nuestra Señora de La Salette a hogares de todo el país, para que en cada familia reine la presencia consoladora, maternal y protectora de la Virgen.

MANIFIESTO DEL EJÉRCITO MARIANO
POR LA HONRA DE LA CORREDENTORA Y CONTRA LA PROTESTANTIZACIÓN DEL CATOLICISMO

Habla, de rodillas, un pequeño ejército de hijos. No somos teólogos de cátedra, ni estrategas diplomáticos: somos bautizados que han aprendido al pie de la Cruz que el corazón de la Iglesia late en dos corazones unidos, el de Jesús y el de María. Por eso levantamos la voz.

En las últimas décadas, y de modo particularmente hiriente en tiempos recientes, se han multiplicado expresiones, gestos e insinuaciones que ridiculizan, minimizan o consideran “excesivo” llamar a la Virgen Santísima Corredentora. Se ha llegado a presentar este título como un obstáculo para el ecumenismo, como un peligro de “exageración mariana” o incluso como una deformación que oscurecería la única mediación de Cristo.

Ante ello, nosotros, Ejército Mariano, declaramos en conciencia:
atacar el título de Corredentora es atacar el modo mismo en que la Iglesia ha comprendido, desde siempre, la participación de la Virgen en la obra de la salvación.
Y hacerlo en nombre de una falsa “purificación cristológica” o de una mal entendida “sensibilidad ecuménica” equivale a protestantizar el catolicismo desde dentro, vaciándolo de su carne mariana.

LA PALABRA “CO”: NO PARIDAD, SINO UNIÓN SUBORDINADA

Confesamos con toda la Iglesia que Cristo es el único Redentor, causa principal, fuente y medida de toda gracia. Ningún católico digno de ese nombre ha puesto jamás a María al nivel de la divinidad. El término Corredentora nunca ha significado una igualdad de naturalezas, de dignidad o de poder, sino la participación subordinada, real y singular de la Virgen en la obra redentora de su Hijo.

El “co-” de Corredentora no es de competencia, sino de comunión; no dice “otra redentora al lado del Redentor”, sino “Aquella que, por libre designio de Dios, se asoció de modo único e incomparable a la obra del único Redentor”.

Dios pudo salvarnos sin María; pero no quiso hacerlo sin Ella.
Quiso que la Encarnación dependiera de su fiat.
Quiso que el Verbo tomara de su carne la Sangre que sería derramada.
Quiso que la Mujer estuviera de pie junto a la Cruz, ofreciendo con el corazón lo que Ella misma le había dado en la carne.

Negar esta cooperación singular, rebajarla a un simple “buen ejemplo” o a una “devoción opcional” no es defender la centralidad de Cristo: es mutilar el designio de Dios, que quiso la salvación no solo por Cristo, sino por Cristo en María y con María.

LEX ORANDI, LEX CREDENDI: EL PUEBLO CREYÓ SIEMPRE EN LA CORREDENTORA

Antes de que aparecieran manuales ansiosos por borrar la palabra Corredentora, el pueblo católico ya la había comprendido en sus rodillas.

Lo expresan los dolores de María al pie de la Cruz, las procesiones de Semana Santa, la devoción a la Dolorosa, el rezo del Rosario contemplando el fruto bendito de su vientre, Jesús, y la espada que atravesó su alma.

Durante siglos, santos, doctores, pastores y fieles han visto en la Virgen no una espectadora pasiva del Calvario, sino una Madre que consiente, ofrece y sufre con su Hijo, unida a Él por un vínculo interior de obediencia, amor y dolor. Si el nuevo Adán redime obedeciendo hasta la muerte, la nueva Eva participa con una obediencia inseparable, al precio de una maternidad dolorosa que la convierte en Madre nuestra al pie mismo del sacrificio.

Cuando ahora se ridiculiza el título Corredentora, cuando se presenta como “exceso” de devoción popular, en realidad se está diciendo al pueblo fiel:
“Durante siglos habéis entendido mal; vuestros santos exageraron; vuestra piedad fue sospechosa”.

Ese gesto no es neutral: es una ruptura.
Y allí donde se desprecia la memoria viva de la Iglesia, se abre la puerta a otra teología, de inspiración ajena a la Tradición.

LA SOMBRA DE LA PROTESTANTIZACIÓN

No es casual que el ataque a la Corredentora venga acompañado, casi siempre, de un lenguaje que suena más a polémica protestante que a teología católica. Se repiten fórmulas como:
• “Cristo, único mediador, no necesita ayudas”.
• “María es solo discípula, no corredentora”.
• “La piedad mariana distrae de Jesús”.
• “Es necesario despojar la fe de añadidos marianos para dialogar con los hermanos separados”.

Pero estas fórmulas, aunque suenen piadosas, no son católicas cuando se usan para borrar la mediación subordinada de María. La verdadera fe sabe que, cuanto más se honra a la Madre, más se engrandece al Hijo; cuanto más se reconoce la cooperación de la Criatura, más resplandece la libertad soberana del Creador que quiso servirse de ella.

La protestantización se reconoce por varios signos:
• Separar a Cristo de María, como si la Encarnación fuera un acto aislado del Verbo, sin dependencia real del fiat de una Mujer.
• Desconfiar de la mediación de los santos y, sobre todo, de la de María, en nombre de un “Cristo solo” que termina siendo un Cristo desencarnado, sin Madre, sin Iglesia, sin sacramentos.
• Reducir a María a “modelo de fe” genérico, negando su papel singular en la economía de la gracia.
• Silenciar o diluir el lenguaje tradicional, sustituyéndolo por vaguedades que no molesten a nadie, sobre todo a quienes niegan la vocación única de la Santísima Virgen.

Cuando en el interior del catolicismo se adopta este lenguaje, se adopta también su lógica. Y esa lógica es, en el fondo, anticatólica: desconfía de las mediaciones, sospecha de la carne, teme la gloria otorgada a la criatura, olvida que el plan de Dios es precisamente elevar, asociar, hacer participar.

LA CORREDENTORA, ANTÍDOTO CONTRA LA FE ABSTRACTA

Proclamar a María Corredentora no es un capricho de devotos, es una barrera doctrinal contra la disolución protestante.

Porque la Corredentora:
• Nos recuerda que la redención tiene rostro de Madre y que la Sangre derramada procede de un seno femenino santísimo.
• Nos asegura que la salvación no es una idea, sino un hecho histórico en el que interviene una Mujer concreta, en un tiempo y lugar concretos.
• Nos enseña que la gracia no destruye la naturaleza, sino que la eleva hasta asociarla a la obra divina, sin confusión ni separación.

Quien borra el título de Corredentora, facilita, aunque no lo quiera, que la fe se convierta en abstracción espiritual, flotando sobre una humanidad sin Madre y sin Virgen Dolorosa. Y una fe abstracta es terreno fértil para el subjetivismo, el moralismo y la religión a la carta.

NUESTRO DOLOR Y NUESTRA DECISIÓN

Como Ejército Mariano, confesamos con humildad que las palabras y gestos recientes contra el título de Corredentora nos han herido profundamente. No porque ataquen una simple devoción, sino porque percibimos en ellas un proceso de blanqueo protestante que quiere presentar el catolicismo como algo menos mariano, menos encarnado, más aceptable para quienes han roto con Roma.

Nos duele ver sonrisas irónicas cuando se pronuncia la palabra Corredentora. Nos duele escuchar que se la caricaturice como “exageración emocional”. Nos duele el silencio de muchos que, por temor o cálculo, callan lo que sus padres y abuelos rezaban de rodillas.

Pero nuestro dolor no se quedará en lamento. Se hace decisión:
1. Decidimos permanecer fieles a la visión de la Iglesia que ve en María no una anécdota, sino el corazón humano que late al unísono con el Corazón de Cristo.
2. Decidimos seguir llamándola Corredentora, con la precisión doctrinal de siempre, sin equipararla jamás a la divinidad de su Hijo, pero sin aceptar que se la relegue al rincón de lo opcional.
3. Decidimos ofrecer reparación por cada palabra, gesto o omisión que intente rebajar su misión en el plan de Dios. Lo haremos con Rosarios, vigilias, actos de consagración, estudio serio de la doctrina mariana tradicional y, sobre todo, con vida de gracia.

DECLARACIÓN DE FE MARIANA

Por eso, como Ejército Mariano, ponemos por escrito lo que arde en nuestros corazones:
• Creemos que María Santísima, Inmaculada desde su Concepción, fue asociada por designio eterno a la obra redentora del Verbo Encarnado.
• Creemos que su fiat en Nazaret fue un consentimiento libre y activo sin el cual la historia de la salvación, tal como Dios quiso realizarla, no habría tenido lugar.
• Creemos que, al pie de la Cruz, María no solo sufrió como Madre, sino que ofreció, consintió y se unió interiormente al sacrificio de Cristo, participando de manera única en la redención objetiva.
• Creemos que, por esta unión íntima a la Cabeza, Ella ejerce una mediación maternal sobre los miembros del Cuerpo Místico, distribuyendo las gracias que Cristo mereció, siempre por dependencia de Él y nunca a su lado como rival.
• Creemos que el título de Corredentora expresa, de modo privilegiado, esta verdad perenne: María participa subordinada, pero realmente, en la adquisición y distribución de las gracias de la redención.

Quien pretenda presentarla solo como “discípula como las demás”, quien tema darle el lugar que Dios mismo le ha concedido, no defiende a Cristo: lo mutila de su Madre.

LLAMAMIENTO FINAL

En un tiempo en que se negocian verdades para ganar aplausos, nosotros renunciamos a toda componenda. No estamos contra nadie; estamos con Aquella que estuvo con Cristo cuando todos huían.

Pedimos a los pastores que se acuerden de que son hijos antes que diplomáticos, que no se avergüencen de la Madre de su Sacerdocio. Pedimos a los teólogos que no teman parecer “demasiado marianos” en un mundo que se ha vuelto demasiado orgulloso para aceptar una Mujer humilde como canal de gracia. Pedimos a los fieles que vuelvan al Rosario, a las lágrimas al pie del Crucifijo, a la confianza filial ilimitada en la Virgen.

Y proclamamos, con la serenidad de quienes han escogido su bando para siempre:

No aceptaremos una fe sin Madre, ni un Cristo sin Corazón mariano,
ni una Iglesia que reniegue de la Corredentora para parecer simpática al mundo.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios.
Si el mundo y algunos dentro de la Iglesia te consideran “exceso”, nosotros te decimos:
Madre, Corredentora, no nos dejes caer en la mentira protestantizada.
Quédanos cerca de la Cruz, donde la Iglesia se sabe pequeña, pobre y completamente confiada en Ti.

Así lo firmamos, como soldados y como hijos,
a tus pies, Reina y Corredentora.

 

Durante esta jornada, marcada por un profundo sentido de fe y de fidelidad eclesial, se presentó la postura oficial del Ejército Mariano División 19 de Septiembre ante el pronunciamiento del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, encabezado por el Cardenal Víctor Manuel Fernández, conocido como “Tucho”, en el que se reiteró que la Iglesia no reconoce para María Santísima el título de Corredentora.

Ante este anuncio, los integrantes del Apostolado reafirmaron con serenidad, respeto y devoción su amor por la Virgen y su reconocimiento del papel singular que ha tenido en la historia de la Salvación. La reunión se convirtió en un espacio de profunda meditación sobre la misión de María en la vida de los fieles y en la identidad misma del pueblo católico mexicano.

Con un fervor que conmovió a los asistentes, se hizo un llamado urgente a toda la Catolicidad, a la Grey Católica, para intensificar las plegarias, sacrificios y oraciones por Su Santidad el Papa León XVI, especialmente en estos momentos que reclaman unidad espiritual, fortaleza doctrinal y fidelidad absoluta al Evangelio.

El Licenciado Óscar Méndez Oceguera, Coordinador de Estudios y Cultura; el Profesor Abraham Medina Paniagua, Coordinador de Formación; y el Ingeniero Jorge Fernando Ojeda Santos, Coordinador General, coincidieron en que la misión del Ejército Mariano División 19 de Septiembre constituye una obra profundamente apostólica y necesaria para el fortalecimiento de la vida espiritual de México. Subrayaron que la fe viva debe expresarse en obras de amor y en una defensa firme de los valores morales que sostienen a la Iglesia.

El encuentro concluyó con un llamado a todas las familias, movimientos laicales y fieles devotos de la Virgen María a unirse al Apostolado “Las 50 Vírgenes por México”, convencidos de que sólo bajo el amparo de Nuestra Señora de La Salette podrá renovarse la esperanza, la unidad y la fortaleza espiritual de la Nación.

“Amar, Servir y Defender a la Iglesia.”

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