Columnas

La memoria de elefante sigue campante en este país

Los fundadores de la Frenologia, método para investigar el cerebro animal, se extasiaron dando a conocer los avances logrados al descubrir la prodigiosa memoria de los elefantes.‎ Ríos de tinta se derramaron para difundir que cuando estos paquidermos aman a alguien nunca se olvidan, así como siempre recuerdan a alguien que abusó de ellos.

Con el paso del tiempo, no faltaron los analistas irónicos que señalaron que la verdadera memoria de estos animales consistía en que aún siendo viejos y enormes, siempre obedecían aquella pequeña soga con la que los amarraban de chiquitos a un puntal de madera para que no se movieran , que hubieran podido destrozar con un ligero movimiento del cuerpo. Así los inmovilizan hasta la fecha.

Los políticos mexicanos son admiradores y herederos directos de esa tradición memoristica. Si ustedes observan la fruición con la que los gerifaltes recorren extasiados los campos petroleros minúsculos, que jamás podrán producir las cantidades de aceite que se requieren para sortear los faltantes en la producion, no pueden sino estar de acuerdo.

El campo Xiquin, una fantasía petrolera heredada a unos cuantos días de que Enrique Peña Nieto colgara los tenis de su sexenio, con el propósito de que los nuevos de la Cuarta Transformación eludieran su persecución y solventaran sus embustes, …..

….jamás podrá producir, hasta dentro de algunos años unos cuantos barriles, previa la inversión de multimillonarias sumas de investigación, un billón dizque para el rescate de la industria energética,  provenientes de nuestros exprimidos ….

….y perseguidos impuestos con saña punitiva, pero se utiliza para justificar la compra masiva de plataformas y permitir la entrada de empresas patito del extranjero que llenarán de bendiciones los bolsillos de la pandilla político empresarial sindical petrolera. Jaque al nuevo régimen, más parecido a un suicidio.

Pero así es la memoria del elefante, jamás se olvida de alguien que abusó de ellos, según la Frenologia. Según la política, se asemeja más a un acto de rendición y otro de abdicación frente al grupito neoliberal que se hartó de vernos la cara a todos los mexicanos. Adiós a las consultas populares para poder juzgarlos.

Adiós a todo lo que se parezca a la aplicación de la justicia pura y dura a los enormes delincuentes organizados que hemos padecido en el pasado inmediato. Con razón el defenestrado Carlos Urzua, despedido Secretario de Hacienda y Crédito Público dijo que neoliberalismo y Cuarta Transformación eran exactamente lo mismo.

Dieciocho años luchando por imponerse a un estilo y una forma de gobierno, de cuyos próceres no queremos ni acordarnos, para venir a regar nuevamente el tepache. Para calcar, con puntos y comas el ejercicio mentiroso de la función pública. Para repetir, ante el auditorio, la misma maroma de los changos viejos.

Los patriotas de la Cuarta Transformación dicen que se guardan las armas, lo que pasa es que esperan el momento, unos días antes de las elecciones intermedias, para dar el golpe: el esperado anuncio de la orden de aprehensión contra los rufianes de la Nación. Así matan todos los pájaros con una piedra, dicen o lo piensan.

Desafortunadamente, la mayoría de la población con dos dedos de frente no podrá tragarse esa rondana. Para su conocimiento, esa medida de heroicidad pueril ya no podrá alcanzarle a la Cuarta Transformación y menos dentro de más de un año. Han sido demasiadas las decepciones y las apuestas en favor del nuevo régimen.

Con mayor razón, si las medidas persecutorias se llevan a cabo como todas las otras que han acabado mal procesando a los charalitos del pasado reciente, simples mandados de los grandes, a quienes se les ha querido espantar con el petate del muerto de las impericias financieras, ….

…..incautándoles y devolviendoles sus cuentas, jamás han pasado por el verdadero tamiz de fincarles acusaciones por delitos graves, aquéllos que han lastimado los intereses superiores de la Nación, improrrogables, insustituibles e imprescriptibles. Han sido acusaciones menores, de quinto año de primaria, si acaso.

Piensan que con unos cuantos meses tras las rejas, los charales justificarán la fiera justicia de la Cuarta Transformación, lavarán el pasado y limpiarán todas las caras de los mandantes. Lástima, por ahí no es, nunca ha sido, nunca será. Por éso la gente ya desconfía de los Savonarolas del nuevo régimen, puro pellejo de pato.

Jamás han entendido que las graves ofensas a un país tan destrozado como el nuestro, con aberrantes desigualdades, con necesidades extremas, no se le pueden recetar mejoralitos para tranquilizarlo. Se requieren de cirugías expertas, mayores, que respondan realmente a los daños infligidos en contra de su patrimonio, de su presente y de su futuro.

Por el camino de las amenazas mañaneras no se va sino al ridículo y al fracaso. Si esa es la justicia con la que piensan hacer frente a los zares del narcotráfico, a los capos dueños de los cientos de carteles que han ejecutado al país, malditos remedios.

Así es que ya casi no alcanza nada, ninguna acción heroica, ninguna patraña peliculesca, ninguna retahíla de infundios aplaudidos por los chairos para componer medianamente todo lo que se ha hecho en contra del bono de confianza y de gobernabilidad pacífica de los mexicanos.

Sólo nos faltaba oír la exoneracion de la política trapacera, perdón, tracalera de los llegados de Atracomulco. Los de la Cuarta Transformación se cansaron de envenenar los odres viejos con los que piensan recuperar la confianza electoral del ciudadano.

La inyección pensada, atrapar, si así se puede,  a los rateros unos días antes de las elecciones ‎es absolutamente contraindicada. Todos sabemos que si llegan a librarse las órdenes de aprehensión siempre serán nulificadas por la torpeza de fiscales, procuradores y jueces consentidos. Todo será nuevamente parte del show y de la farsa.

Subir a los altares de la patria a Carlos Slim fué la gota que derramó el vaso de la paciencia y de la confianza ciudadana. De ahí pa’lante lo que puede pasar es desgraciadamente algo que ya vimos. La administración política de la justicia y sus tropiezos, no porta nada bueno.

¡No cabe duda que la memoria de elefante sigue campando por sus anchas!

¿No cree usted?

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