Mar. Oct 20th, 2020

Salud en tiempos de COVID 19

Cuando en el mes de diciembre del 2019 se dio a conocer la noticia de una «nueva y fatal enfermedad infecciosa» que se originaba en Wuhan China, nadie, literalmente nadie podría imaginarse lo que se avecinaba sobre toda la humanidad.

Lo vimos como algo lejano que no tenía relación con nosotros porque es característico de la naturaleza humana el pensar, sentir y actuar en base a que lo que no me afecta no me atañe; sin embargo al iniciar el 2020, ya los medos de comunicación y transporte se habían encargado no solo de diseminar la noticia, sino también el coronavirus.

Cada país empezó a implementar diferentes medidas, unas conservadoras, otras arriesgadas y otras drásticas en base a sus políticas de salud o política nacional, y poco a poco fue creciendo la sombra de muerte y desolación que invadió a casi todos los países del mundo.

Otra característica del ser humano es entrar en pánico o negar la realidad y empezamos a tener actitudes desde prudentes hasta paranoicas y en muchos casos con el mexicanísimo valemadrismo, justificaciones injustificadas que han afectado no solo a la colectividad sino a los individuos y familias quienes hemos tenido que afrontar la angustia, el temor o la pérdida de uno o más seres queridos involucrándonos en otro fenómeno social nunca antes visto: saber que mueren los seres amados pero no poderlo constatar ya que una vez que ingresan a los hospitales en estado de gravedad, nunca más los vuelven a ver (ni vivos ni muertos) por las medidas sanitarias de protección, dejando un vacío que difícilmente podrá ser resuelto ya que no existe una «evidencia» física de lo que el amor se niega a aceptar.

Por otro lado nos enfrentamos ante una estructura de servicios de salud en crisis que inicia una transición y en la que nadie le ve pies ni cabeza, solo sabemos que no existen recursos suficientes para hacer frente al proceso de la enfermedad, y para prevenirlo es necesario enclaustrarse en casa, lugar al que la gran mayoría de los proveedores adquieren recursos con el día a día y solo los «privilegiados» que contamos con un trabajo y sueldo estable, podemos darnos el lujo de resguardarnos en casa, y para colmo, nuestra impotencia nos hace salir a la calle a retar a la suerte para «llevar el pan de cada día» a la familia, y con ese argumento, no respetamos las mínimas medidas de seguridad. Con la sensación de que “eso a mi no me va a pasar, o de algo me he de morir», salimos a la calle a veces sin tanta necesidad sin las medidas de precaución:

No traer cubre boca o usarlo de tapaboca y no de nariz, no proteger los ojos, ponernos y quitarnos el cubre boca cada rato, tocar cosas sin lavarnos las manos y luego tallarnos los ojos o rascarnos la cara, o usar el mismo protector desechable por varios días seguidos, etc.

La salud definitivamente tiene que ver con la ausencia de enfermedad y por lo tanto cuidarla debería ser lo primordial, no solo con las medidas de protección básica, sino también con la higiene personal y ambiental, nutrición saludable, descanso suficiente, y especialmente una buena salud mental, actitud positiva, responsabilidad personal, familiar y social.

México tiene una gran riqueza ambiental, cultural, etc., pero nos pierde la ignorancia, la falta de valores y la pobreza no solo económica sino principalmente moral. México se está perdiendo por la ignorancia, por los temores y por la falta de valores que predominan en la sociedad.

Necesitamos cultivar valores personales y sociales, cuidar la naturaleza, cimentar la educación académica, fortalecer la salud mental y física de nuestros niños y jóvenes, quienes con su característica inquietud y rebeldía propositiva pueden marcar la diferencia.

Y yo me pregunto… ¿Y tu? ¿Qué vas a aportar a este país que tanto te necesita?

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