Mié. Ago 17th, 2022

Nociones sobre la Décimocuarta

A Javier Llaca Fuertes

 

Aquí estamos, en otra final de la Copa de Europa, como le llamamos. Son siete ya. Todas las contamos con victorias, quién nos fuera a decir ese día en que el Milán nos metió cinco y lloramos como si fuese el fin del mundo. Qué fácil se escribe, qué difícil se consigue. Desde la última final, ni hablar de aquella  en San Siro, la vida nos ha dado bien duro. Se puso fea la cosa, querido amigo. Pero en medio de todo este descenso al infierno, nos queda algo, una pequeña alegría que está encarnada ahora mismo en Karim Benzema.

 

Qué difícil debe ser voltear a verlo y darse cuenta del fantástico futbolista que es; al menos me parece a mi. No hace mucho tiempo, en la duodécima, creo, puse un post en redes sociales comentando que el Bayern de Munich sí había merecido perder, puesto que Benzema, menudo tronco, les había hecho dos goles. Nadie pondría ya una frase así. No se comprendería, pero eso te dice mucho del gran trabajo que se ha hecho.

 

Esto me lleva a una reflexión interesante y propia de mis últimos años: la alegría viene precedida del trabajo … pero también de saberse adaptar a lo nuevo. Me pregunto si tu o yo lo hemos comprendido. Es más: ¿lo hemos puesto en práctica? Sabrás que en los últimos tiempos me han achacado una especie de comodidad, de vivir en una burbuja, sin querer esforzarme, caminando en círculos, sin salir a tomar el sol. Una vidita estúpida, pues, la mía. No sé que responder a esto y, ahora mismo, viendo la repetición de las tres últimas eliminatorias, tengo la impresión de que ese reclamo proviene del rencor. Quizá me equivoque, pero me sucede algo parecido al darme cuenta que existe gente que no es hincha del Real Madrid, que siguen y repiten días tras día lo de las copas en blanco y negro y el Tío Paco. Puede ser que no entiendan nada de la vida y que haya una pequeña muerte escondida en esos reclamos. A saber.

 

Pero te diré algo que seguramente intuyes o ya conoces. Cómodo hubiese sido mirarse el ombligo (repitiendo ese mantra de hemos ganado cuatro copas de Europa en cinco años y tres de ellas de forma consecutiva) y no seguir peleando año tras año por volver a jugar la final. La competición se repite anualmente, podrían decir quienes hablan de hacer siempre lo mismo. Pero las circunstancias nunca son las mismas, un día un idiota sale riéndose después de perder y al año siguiente, el simple hecho de levantar una silla enciende el fuego y pone a todo mundo listo para lo imposible. Vamos que podemos.

 

Quienes hablan de la suerte, de que siempre caigo parado cuando la cosa se pone fea, no se detienen a observar aquello que no siempre se puede ver. Edmundo me ha hablado del trabajo lento, como esa gota con la que al final el agua rompe a la piedra. Tampoco se qué pensar de esa imagen. Y, justamente, no podría saber si es correcta al ver a Modrić poniendo un pase con el exterior para que Rodrygo nos dé la vida. Sería mas apropiado que esas críticas se centrasen en el talento, en el aprovechar la oportunidad cuando se tiene. O en la capacidad de siempre estar dispuesto a intentarlo una y otra vez. No rendirse. Ya sabes el resto: hasta el final, vamos Real.

 

No tengo mucho más que decir, amigo. Ojalá caiga la décimocuarta. Ojalá estos últimos partidos nos permitan entender la locura de la vida. Quedará en nuestra conciencia el no ir a París a ver cómo se produce un milagro, como Yoko Ono vuelve a separar a los Beatles. El consuelo es que la cosa mejore, que más temprano que tarde podamos tomarnos esa añorada cerveza y darnos ese abrazo que tanto nos debemos. Te echaré de menos al ver la final, puesto que ese tramo que separa Kiev de París lo has recorrido conmigo a la distancia y vía whatsapp. A veces me asalta la duda de si nuestra amistad ha sido gracias al Real Madrid o a su pesar; puesto que vete tú a saber si seríamos amigos si no fuese por el Buitre y Hugo, no creo que importe mucho a estas alturas. Quién sabe. Son tiempos sombríos que nos permiten conocer quienes son los que de verdad cuentan. Veo, en el partido de vuelta contra el PSG, como Benzema se vuelve hacia Modrić y le grita: ahora, Luka. Ahora. Otra imagen que nos explica porque éste club es eterno. Te quiero mucho y pase lo que pase, ¡hala Madrid!

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